¿Has orado hoy por el Papa Francisco?
"Recen por mí". No lo olvides. Ave María...

La muerte de Jesús es la fuente de nuestra confianza



La pasión de Jesús, en efecto, por más capital que sea en su vida, tan necesaria como sea para nuestra salvación y santificación, no termina por el ciclo de sus misterios.

Se ha destacado, leyendo el Evangelio, que cuando Nuestro Señor habla de su pasión a los Apóstoles, agrega siempre que “resucitará al tercer día”: Et tertia die resurget . Esos dos misterios se encadenan, igualmente en el pesamiento de San Pablo, sea que hable de Cristo, sea que haga alusión al cuerpo místico . Ahora bien, la resurrección marca para Jesús la aurora de su vida gloriosa.

Por eso la Iglesia, cuando conmemora solemnemente los sufrimientos de su Esposo, mezcla sus sentimientos de compasión con acentos de triunfo. Los ornamentos de color negro o violeta, el despojo de los altares, las “lamentaciones” tomadas de Jeremías, el silencio de las campanas dan testimonio de la amarga desolación que oprime su corazón de Esposa en esos días aniversarios del gran drama. ¿Y qué himno hace resonar? Un canto de triunfo y de gloria: Vexilla regis prodeunt: El estandarte del rey avanza, brilla aquí el misterio de la cruz…eres hermoso, esplendoroso, árbol adornado con la púrpura real. ¡Dichoso tú que cargaste, suspendido en tus brazos, a Aquel que fue el precio del mundo!... ¡Me das, oh Dios, la victoria por la cruz; dígnate salvarnos, regirnos por siempre! “¡Exalta, lengua mía, los laureles de una acción gloriosa! Sobre los trofeos de la cruz, proclama el gran triunfo; Cristo, redentor del mundo, sale vencedor del combate entregándose a la muerte”. 

“Cristo es vencedor por la cruz”: regnavit a ligno Deus. La cruz representa las humillaciones de Cristo; pero desde el día en que Jesús fue clavado, ocupa un lugar de honor en las Iglesias. Instrumento de nuestra salvación, la cruz se ha convertido, por Cristo, el precio de su gloria: None haec oportuit pati Christum, et ita intrare in gloriam suam ? Lo mismo es para nosotros. El sufrimiento no tiene la última palabra en la vida cristiana. Después de haber participado en la pasión del salvador, comulgaremos con su gloria.

La víspera de su muerte, Jesús decía a sus discípulos: “Vos estis qui permansistis mecum in tentationibus meis”: “Ustedes permanecieron conmigo en las pruebas”; y agrega inmediatamente, y yo en pago, les preparo un reino, como mi Padre me lo ha preparado”:Et ego dispono vobis sicut disposuit mihi pater meus regnum . Esta promesa divina nos alcanza igualmente. Si “permanecemos con Jesús en las pruebas”, si a menudo hemos contemplado con fe y amor, sus sufrimientos, Cristo vendrá, cuando suene nuestra hora, a llevarnos con él para hacernos entrar en el reino de su Padre.

El día llegará, más pronto de lo que pensamos, en la muerte está próxima; estaremos extendidos sobre nuestro lecho sin movimiento; aquellos que nos rodeen, nos mirarán silenciosos en su impotencia por ayudarnos; no tendremos ningún contacto vital con el mundo exterior; el alma estará a solas con Cristo. Sabremos entonces lo que es “permanecer con él en las prueba”; lo escucharemos decirnos, en esta agonía que es ahora la nuestra, suprema y decisiva: “No me dejaron en mi agonía, me acompañaron cuando iba al calvario a morir por ustedes; aquí estoy yo ahora, estoy cerca de ti para ayudarte, para tomarte conmigo; ¡no teman, tengan confianza, soy yo!” Ego sum, nollite timere! Podremos decir entonces: Etsi ambulavero in medio umbral mortis, non timebo mala; quoniam tu mecum es : “Os Señor, ahora que las sombras mismas de las muerte me rodean ya, ¡no temo porque tu estás conmigo!"

DOM Columbia Marmion

Dedicado a la memoria de Augusto Crd. Vargas Alzadora.

Traducido del francés por José Gálvez Krüger para ACI Prensa

No hay comentarios:

Publicar un comentario