¿Has orado hoy por el Papa Francisco?
"Recen por mí". No lo olvides. Ave María...

Con la misma caridad y ternura que Cristo


El recordado Papa Juan Pablo II se refirió en incontables oportunidades al misterio del dolor y la enfermedad durante su pontificado. Les acercamos hoy un extracto de lo que dijo en la audiencia general del 15 de junio de 1994 respecto a la "Eficacia apostólica de la enfermedad en la perspectiva de la fe y de la salvación". Recordamos con cariño y admiración cuando, mientras muchos pensaban que iba a dimitir de sus funciones por su enfermedad, el decía "Cuando Cristo se baje de la Cruz, entonces yo renuncio a mi Pontificado".

En efecto, en la perspectiva de la fe, la enfermedad asume una nobleza superior y manifiesta una eficacia particular como ayuda al ministerio apostólico. En este sentido la Iglesia no duda en declarar que tiene necesidad de los enfermos y de su oblación al Señor para obtener gracias más abundantes para la humanidad entera. Si a la luz del Evangelio la enfermedad puede ser un tiempo de gracia, un tiempo en que el amor divino penetra más profundamente en los que sufren, no cabe duda que, con su ofrenda, los enfermos se santifican y contribuyen a la santificación de los demás.
Eso vale, en particular para los que se dedican al servicio de los enfermos. Dicho servicio, al igual que la enfermedad, es un camino de santificación. A lo largo de los siglos, ha sido una manifestación de la caridad de Cristo, que es precisamente la fuente de la santidad.
Es un servicio que requiere entrega, paciencia y delicadeza, así como una gran capacidad de compasión y comprensión, sobre todo porque, además de la curación bajo el aspecto estrictamente sanitario, hace falta llevar a los enfermos también el consuelo moral, como sugiere Jesús: «estuve enfermo y me visitasteis» (Mt 25, 36).
Todo ello contribuye a la edificación del cuerpo de Cristo en la caridad, tanto por la eficacia de la oblación de los enfermos, como por el ejercicio de las virtudes en los que los curan o visitan. Así se hace realidad el misterio de la Iglesia madre y ministra de la caridad. Así la han representado algunos pintores, como Piero della Francesca: en el Políptico de la misericordia, pintado en 1448 y conservado en Borgo San Sepolcro, representa a la Virgen María, imagen de la Iglesia, en el momento de extender su manto para proteger a los fieles, que son los débiles, los miserables, los desahuciados, el pueblo, el clero y las vírgenes consagradas, como los enumeraba el obispo Fulberto de Chartres en una homilía escrita en el año 1208.
Debemos esforzarnos por lograr que nuestro humilde y afectuoso servicio a los enfermos participe en el de la Iglesia, nuestra madre, cuyo modelo perfecto es María (cf. Lumen gentium, 64-65), para un ejercicio eficaz de la terapia del amor.



Para finalizar, el Beato papa concluyó:


La Iglesia se acerca a los que sufren en el cuerpo o en el espíritu con la misma caridad y ternura que Cristo tuvo con ellos. Los enfermos que El sanó son signo de la gran curación espiritual que trajo a la humanidad, es decir, la liberación del pecado. Por eso, con su pasión, Cristo ayuda a cada enfermo a aceptar los propios dolores y molestias y a ofrecerlos por la salvación de los demás.Con todo afecto saludo a los peregrinos de lengua española y les imparto mi bendición, extensiva especialmente a sus familiares enfermos.

Beato Juan Pablo II, ruega por nosotros y por el Servicio Sacerdotal Nocturno.
______________________

No hay comentarios:

Publicar un comentario