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El dolor que santifica



Muchas veces te habrás preguntado por qué ciertas personas permanecen años y años sufriendo, sin morir. A primera vista, parece que no tiene sentido el sufrimiento de esas personas inválidas o ancianas que, lentamente, se van consumiendo entre dolores y privaciones.
 
La fe, por consiguiente, es la que te da la respuesta.
 
La Pasión de Jesucristo viene a dar un sentido nuevo al dolor. A partir de la Cruz, el sufrimiento se vuelve redentor. Nos santifica a nosotros y a los demás. En vista de la eternidad, nuestra vida es comparada “al soplo del viento que pasa”, y por eso todo sufrimiento es pasajero cuando recordamos los tesoros infinitos que Dios reservó para el que Él ama.

Los justos serán probados por Dios, dice la Escritura, y el dolor los purificará de sus pecados, llegando a ser semejantes a Cristo.

“Los probó, como se prueba el oro en el crisol
donde se funde el metal,
Y los aceptó como víctimas
consumidas por el fuego.”
(Sant 3,6)
 
La persona que sufre por mucho tiempo y sabe aceptar con amor sus sufrimientos, no solamente se santifica a sí misma sino que, además, engrandece el Cuerpo de Cristo y hace que la Iglesia de los hermanos en la fe crezca abundantemente.

¿La persona inválida no es acaso una oportunidad que Dios te ofrece para que, tú, que estás bien físicamente y tienes salud, te ejercites en la caridad?
 
sentido-del-sufrimiento
Cuando sufrimos con serenidad y encontramos un sentido a lo que nos sucede, nos hacemos testigos del amor redentor, maduramos, y damos un amor de privilegio a los débiles, enfemos y sufrientes.

Tú no estás conforme porque tu papá, tu mamá o tu hijo han sufrido mucho tiempo, pero Dios ve mejor que tú el momento exacto para llamar a alguien.

Cree, amigo: Nada acontece en vano en este mundo. Todo está previsto por Dios. Nosotros a veces no entendemos nada de nada. Porque somos pobres, limitados, con mayor razón frente al misterio.
 

Fragmento del libro: “Él enjugará tus lágrimas” del Padre Carlos A. Schmitt


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