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Amor a nuestros enfermos y ancianos


 Artículo publicado en el Boletín mensual del Hospice Madre Teresa, de Luján, Buenos Aires, por el hermano marista Antonio Ostojic

Amor a nuestros enfermos y ancianos

   La sacralidad y dignidad de cada persona no puede ser aniquilada, porque está en cada uno, va en cada uno, y es indestructible. Su fundamento es Dios Creador y Padre. Se aplica a todos, pero especialmente a quienes están en un estado de debilidad, que pareciera oscurecer a nuestros ojos esa dignidad inalienable.
 
   Aplicado esto a los Cuidados Paliativos de nuestros enfermos terminales o de los ancianos que están en el atardecer de sus vidas, podemos afirmar con certeza y convicción que ellos siguen siendo igualmente dignos, ellos y su vida, por su condición humana, y hasta con un plus por su estado de debilidad. Nos corresponde contemplar y mirar esta realidad como es, y traducirla en praxis concreta, como lo hace la gente de los “Cuidados Paliativos”.
 
   El médico español Jordi Valls, paradigma de los Cuidados Paliativos, cuando ya había atendido a 11.000 enfermos, afirmaba con vigor que no había encontrado un sólo enfermo que pidiera la eutanasia. Decía: “La mayoría de quienes te dicen ‘yo no quiero vivir’, resulta que te están diciendo ‘yo no quiero vivir así’, y en cuanto tratas el ‘ASÍ’, habitualmente no se repite el ‘no quiero vivir’. Hay que ser sensibles, caritativos, y atender desde el lado más humanista de la medicina”.
 
   El paliativista puede ver en el enfermo o anciano terminal a un prójimo, a un hermano, que ya es mucho. Si además sos creyente cristiano, y de hecho la inmensa mayoría lo son, tenés la oportunidad y el llamado de ver en él la imagen de Dios, el rostro de Jesucristo. Madre Teresa insistía que en cada pobre o en cada anciano abandonado, sirvamos, amemos y acariciemos a Jesucristo. ¡Qué maravilla! 
 
    Cuidar enfermos es una vocación, un servicio, no sólo un trabajo.
 
    El mismo médico que antes citábamos afirma que en Cuidados Paliativos, el mejor tratamiento no es la morfina, sino la caridad, el “añadir paz a la muerte”, el permitir la reconciliación con quienes lo necesiten, el recibir amor.
 
   Hay una tendencia contradictoria, incluso entre nosotros los creyentes, que se nos cuela por todas partes, a creer que el dolor no tiene sentido, que bueno, hay que soportarlo y nada más. Rendimos tributo a la “eficiencia”. Pero una cosa es la eficiencia y otra la eficacia. Jesucristo, “varón de dolores”, en la mayor ineficiencia, dolores y aparente fracaso con su Pasión y Muerte en la Cruz, realizó nuestra Redención y Salvación. Así es, con todo el dolor del mundo, puede y debe ser salvador y redentor, unido a Jesucristo. El dolor tiene sentido, la muerte también.
 
   Decía el sabio israelita, hebreo o judío, Víctor Frankl; quien padeció los campos de concentración nazis perdiendo a toda su familia, y que nos dejó estupendos libros de psicología, que nos regaló la “Logoterapia”, que “el hombre no se autodestruye por sufrir, sino por sufrir sin sentido”. El padre San Marcelino Champagnat, fundador de los “Pequeños Hermanitos de María”, los “Hermanos Maristas”, nos decía: “Los Hermanos enfermos y ancianos son las columnas de la congregación marista”. La tenía más que clara.
 
    Amigos del Hospice, ustedes humanizan el cuidado a los enfermos terminales con los Cuidados Paliativos, ustedes cristifican ese cuidado. ¡Gloria a Dios por su caridad, su anuncio, su testimonio!
Hermano Antonio Ostojic

Un testimonio sacerdotal



El lunes por la noche, sonó el teléfono a las 6:55 de la noche. Me levanté tan dormido, que no tenía ni una ligera idea de la hora que era. Tuve la vaga idea de que era más tarde. Me llamaban del hospital provincial. Una persona estaba muriéndose y me pedía la familia que le administrara la unción de los enfermos.

En veinte minutos estaba junto a la cama. Me acerqué a su oído y le dije que le iba a administrar la absolución de sus pecados. Si me escucha, haga un acto de arrepentimiento de sus pecados, le dije. Recé junto a su oído el Yo confieso. Después repetí la triple aclamación del Kyrie Eleison. Tras ello, le di la absolución bajo condición. El anciano no abrió los ojos en todo el rato.
Después vino el sacramento de la unción. Los ritos se desarrollaron con su pausa, con su solemnidad. Su respiración era lenta, aunque no anormal. Pude hablar con la familia que reunida alrededor de la cama, atendía atenta a mis plegarias. Al acabar, hablé con ellos unos minutos. 

Después, me volví al moribundo y le dije adiós. Y justo en ese momento la respiración cesa. Era fácil de verlo, porque tenía una mascara con una bolsa que se hinchaba. Y la bolsa dejó de hincharse y deshincharse. Se quedó totalmente quieta.

Extrañado de que mi despedida coincidiera con ese hecho, me fijé un poco más. Me dio la sensación de que una ligerísima respiración seguía, pero no estoy seguro. Varias veces, me ha sucedido que el moribundo ha permanecido con vida, justo hasta recibir el sacramento. Como si Dios quisiera que lo recibiera y retrasara el momento de la partida.
¿Qué debe suceder en el alma en ese momento definitivo de la vida? ¿Qué transformaciones suceden en lo más profundo del espíritu, a través de esos ritos? Allá vamos. Nos acercamos a la puerta, a la Puerta por excelencia.


Padre Fortea
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El Cura Brochero cada vez más cerca a los altares



BUENOS AIRES, 05 Jul. 12 / 05:38 am (ACI).- El proceso de beatificación del P. José Gabriel del Rosario Brochero, más conocido como Cura Brochero, dio un nuevo paso luego que la Junta Médica afirmara que la curación presuntamente milagrosa intercedida por el sacerdote "supera a la ciencia".
Según informó este martes la agencia AICA, el 10 de mayo el presunto milagro fue sometido en el Vaticano a una Junta Médica que manifestó que el hecho no tiene explicación desde el punto de vista médico.
El siguiente paso será la reunión que sostendrá el 7 de julio en Roma (Italia), Mons. Santiago Olivera, delegado de la Conferencia Episcopal para las Causas de los Santos en el país, con la Comisión de Teólogos que deberá expedirse desde el aspecto teológico del presunto milagro.

El Prelado dijo que pasada esta fecha sólo quedará la última instancia que es la Comisión de Obispos y Cardenales. Luego, el Prefecto de la Congregación para las Causas de los Santos, Cardenal Angelo Amato, podrá elevar a la consideración del Papa Benedicto XVI la causa del Cura Brochero.

"Me parece muy importante que todos sigamos sintiéndonos parte de esta y de las causas que tenemos en nuestra Patria. Toda vida es un don de Dios para cada uno, y toda vida ejemplar es sin duda un Don para cada uno, un Don para toda la Iglesia. Pidamos al Señor la gracia de la pronta beatificación del Padre Brochero", expresó el Prelado.

El Apóstol de la Pampa

José Gabriel del Rosario Brochero, nació en la cercanía de Santa Rosa de Río Primero (Córdoba), el 16 de marzo de 1840 como el cuarto de diez hermanos. Creció en el seno de una familia profundamente cristiana; dos de sus hermanas fueron religiosas del Huerto.

Luego de haber ingresado al Colegio Seminario Nuestra Señora de Loreto el 5 de marzo de 1856, fue ordenado sacerdote el 4 de noviembre de 1866. Como sacerdote, ayudó en las tareas pastorales de la Catedral de Córdoba, donde además desempeñó su ministerio sacerdotal durante la epidemia de cólera que devastó la ciudad.

Cuando nos arrodillamos ante el Señor reconocemos que él es el único Señor de nuestra vida



"La genuflexión ante el Santísimo Sacramento o el ponerse de rodillas durante la oración expresan precisamente la actitud de adoración ante Dios, también con el cuerpo. De ahí la importancia de no realizar este gesto por costumbre o de prisa, sino con profunda consciencia. Cuando nos arrodillamos ante el Señor confesamos nuestra fe en él, reconocemos que él es el único Señor de nuestra vida.
Queridos hermanos y hermanas, en nuestra oración fijemos nuestra mirada en el Crucificado, detengámonos con mayor frecuencia en adoración ante la Eucaristía, para que nuestra vida entre en el amor de Dios, que se abajó con humildad para elevarnos hasta él.
...
Como san Francisco ante el crucifijo, digamos también nosotros: Altísimo, glorioso Dios, ilumina las tinieblas de mi corazón. Dame una fe recta, una esperanza cierta y una caridad perfecta, juicio y discernimiento para cumplir tu verdadera y santa voluntad. Amén (cf. Oración ante el Crucifijo: FF [276])."


BENEDICTO XVI, AUDIENCIA GENERALSala Pablo VI, Miércoles 27 de junio de 2012.




QUIENES CURAN SON 'RESERVAS DE AMOR', QUE LLEVAN SERENIDAD Y ESPERANZA A LOS QUE SUFREN


CIUDAD DEL VATICANO, domingo 1 julio 2012 (ZENIT.org).- A las 12 horas de hoy, Benedicto XVI se asomó a la ventana de su estudio en el Palacio Apostólico vaticano para recitar el Ángelus con los fieles y peregrinos reunidos en la plaza de San Pedro. Ofrecemos las palabras del papa al introducir la oración mariana.

Queridos hermanos y hermanas:
Este domingo, el evangelista Marcos nos presenta la historia de dos curaciones milagrosas que Jesús realiza en favor de dos mujeres: la hija de uno de los jefes de la sinagoga, llamado Jairo, y una mujer que sufría de hemorragia (cf. Mc. 5,21-43). Son dos episodios en los que hay dos niveles de lectura; aquel puramente físico: Jesús se acerca hasta el sufrimiento humano y cura el cuerpo; y aquel espiritual: Jesús vino a sanar el corazón del hombre, para dar la salvación y pide fe en Él.
En el primer episodio, ante la noticia de que la hija de Jairo ha muerto, Jesús le dice al jefe de la sinagoga: "No temas; solamente ten fe" (v. 36), lo lleva con él donde estaba la niña y exclama: "Muchacha, a ti te digo, levántate" (v. 41). Y esta se levantó y se puso a caminar. San Jerónimo decía estas palabras, haciendo hincapié en el poder salvífico de Jesús: "Niña, levántate hacia mí: no por tu mérito, sino por mi gracia. Álzate por mi: el hecho de ser curada no depende de tu virtud" (Omelie sul Vangelo di Marco, 3).
El segundo episodio, el de la mujer con hemorragia, volverá a poner en evidencia cómo Jesús vino a liberar al ser humano en su totalidad. En efecto, el milagro se lleva a cabo en dos fases: en la primera se da la curación física, que está estrechamente relacionada con la curación más profunda, aquella que da la gracia de Dios a quien se abre a Él con fe. Jesús le dice a la mujer: "Hija, tu fe te ha salvado; vete en paz y queda curada de tu enfermedad" (Mc. 5,34). Estas dos historias de curación son una invitación para nosotros, a fin de superar una visión puramente horizontal y materialista de la vida. A Dios le pedimos tantas curaciones de problemas, de necesidades concretas, y es justo, pero lo que debemos pedir con insistencia es una fe más segura, para que el Señor renueve nuestra vida, y una firme confianza en su amor, en su providencia que no nos abandona.
Jesús, que está atento al sufrimiento humano, nos hace pensar a todos aquellos que ayudan a los enfermos a llevar su cruz, en particular los médicos, los operadores sanitarios y cuantos aseguran la asistencia religiosa en las casas o asilos. Se trata de "reservas de amor", que llevan serenidad y esperanza a los que sufren. En la encíclica Deus caritas est, he observado que, en este valioso servicio, en primer lugar se necesita la competencia profesional --que es la primera necesidad--, pero esta por sí sola no es suficiente. Se trata, de hecho, de seres humanos, que tienen necesidad de humanidad y de la atención del corazón. "Por eso, dichos agentes, además de la preparación profesional, necesitan también y sobre todo una «formación del corazón»: se les ha de guiar hacia ese encuentro con Dios en Cristo, que suscite en ellos el amor y abra su espíritu al otro" (n. 31).
Pidámosle a la Virgen María que acompañe nuestro camino de fe y nuestro compromiso de amor concreto, especialmente a los más necesitados, mientras invocamos su maternal intercesión por nuestros hermanos que viven el sufrimiento en el cuerpo o en el espíritu.
Traducido del original italiano por José Antonio Varela V.
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