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Nuestro hermano guardian Luis Malah ya está con el Señor


Tradicionalmente se ha dicho de muchos cristianos que han muerto en olor de santidad en referencia a sus virtudes y ejemplos de vida. Podemos decir lo mismo de Luis, sin dudarlo. 

En la mañana del 24 de diciembre de 2013, casi en vísperas de la Celebración de la Navidad y tomado de la mano de su amada esposa, el Señor lo llamó a su presencia. En la Fiesta de la Vida y la Salvación, Luis nos dejó para unirse al Amor de los Amores.

Son incontables los testimonios de aquellos que pudimos compartir momentos y horas con el. Pero hay algo en común entre todos: todos salimos reconfortados con su ejemplo.

Luis era Guardián del Servicio Sacerdotal Nocturno de Mendoza desde muy joven. Los días 6 de cada mes era su cita junto al Santísimo para esperar los llamados de familiares de enfermos para asistirlos llevando a un Sacerdote para administrar los Sacramentos, principalmente la Unción de los enfermos. Luis acudía sin dudarlo y puntualmente a la cita cada mes. Y cuando por su trabajo no podía hacerlo a horario, llegaba a la hora que pudiera. Siempre su presencia era reconfortante por su natural alegría y la firmeza de sus convicciones.

El 2013 comenzó con algunas preocupaciones pero de ninguna manera se preveía la Cruz que marcaría su vida y sellaría su eternidad. Desde mediados de año una llaga que molestaba en su lengua se definió allá por agosto en un cáncer de lengua. Con el auxilio de un primo médico pudo consultar a expertos que rápidamente lo diagnosticaron.

Con mucha fortaleza inició en septiembre tres series semanales de quimioterapia con internación. En esas noches en el hospital tuvimos las charlas más espirituales que hayamos tenido con Luis. Todos los que compartimos esas horas con el hermano, aprendimos lo que significa cargar la cruz de cada día y seguir a Jesús. Nunca podremos olvidar la alegría que llenaba su alma cada vez que un Sacerdote le acercaba la Eucaristía. Comulgaba de rodillas cuando le era posible y desbordaba de gozo. Tampoco podremos olvidar la manera en que el mismo Luis le hablaba y daba su testimonio a quienes iban a visitarlo. Parecía que había ocurrido al revés. En lugar de ser él el consolado, éramos nosotros quienes salíamos con el alma llena de paz y consolada.

Nunca habíamos escuchado que alguien diera gracias a Dios por su cáncer. “Es lo mejor que me pasó en la vida”, decía. Para a continuación levantar sus ojos al cielo y decirle al Señor: “¡Ay, como me querés Jesús!¡Cómo me querés!” y luego mirándonos a los ojos con alegría y literalmente a media lengua, nos lo repetía y agregaba: “Es lo mejor que me pasó en la vida”… “Esto es una caricia del Señor”.

Tenía el rostro de quién había conseguido el logro de su vida, que había encontrado el mejor de los trabajos, que había ganado lo más importante del mundo… y estaba dando gracias a Dios por su cáncer. Enfermedad que, como el mismo testimoniaba, había sido la oportunidad de recobrar a sus afectos más cercanos.

Luis nos dio lecciones de fortaleza cristiana, pero sobre todo de Fe, Esperanza y Caridad. Su inconmovible Fe aguantó los vientos mas feos que puede soplar una enfermedad casi incontrolable, que en sus últimos días le quitó la voz y la posibilidad hasta de tomar agua, motivo por el cual se tuvo que someter a una traqueotomía para poder respirar y una gastronomía para poder alimentarse. Como cada viernes, el 18 de octubre, mientras escuchaba por radio el programa “Cristo Peregrino” de este Servicio Sacerdotal (y cuya apertura estaba grabada con su propia voz), nos mandaba el siguiente mensaje de texto, ejemplo de su Fe:

“La Santidad es el premio y la pureza perfecta a la que estamos llamados todos los hijos de DIOS y él nos da la vida para alcanzarla de la mano de los sacramentos, no importa cuanto uno viva sino CÓMO vivas. DIOS es la respuesta.”

Su Esperanza, igual de inconmovible. Nunca la perdió. Y quizá porque nos transmitió esa Esperanza, su muerte nos tomó a muchos de sorpresa, a pesar de la gravedad de su cuadro. Siempre hacia adelante, con ganas y esperanza de sanar por amor a su esposa, a sus hijos, su familia. Pero con la convicción de que esta vida no es la meta final. Una Esperanza abonada y sostenida por la oración, como él mismo nos lo dijo en otro mensajito:

“Les aseguro que es así. En la enfermedad la oración es una gran arma que DIOS nos regala. Y sí que reconforta. Lo se por experiencia propia. Sin la oración mía y de todos lo que lo hacen intercediendo por mí, no transitaría mi enfermedad con la fuerza, amor y alegría con la que la llevo. Gracias por rezar.”

Luis era un enfermo alegre. Una noche en que un Sacerdote del Servicio Sacerdotal le llevó la Comunión, el padre le preguntó qué le pedía al Señor en esta noche. Y Luis contestó: “¡Alegría! Que nunca pierda la alegría.”

Y su Caridad nunca terminó de crecer y derramarse a todos los que lo rodeaban. Pues fue su gran amor, que brotaba de las fuentes del Corazón del Señor, lo que nos llegó a cada uno de sus hermanos y familiares. Siempre ofreció su dolor por los demás. Nos decía con toda sinceridad: “Si por este dolor yo lograra que uno, ¡tan sólo uno! Se convirtiera, me sentiría satisfecho”. Y cuando una vez Mariana, su esposa, le preguntó si estaba dispuesto a sufrir incluso por alguien que  ni siquiera conociera, con firme convicción le contestó: “Sí ¡Claro que si!”.

Su vivo testimonio cristiano fue el mejor testamento y la única herencia que ha dejado a sus hijitos, pues como todo Santo, vivió humildemente. Todos fuimos reconfortados con sus palabras y aún con su silencio cuando sólo podía comunicarse por señas. ¡Mucho amor verdadero! Y amor misericordioso. Quizá por eso le gustaba tanto que rezáramos con él la Coronilla de la Misericordia. Y daba mucha ternura verlo repetir mentalmente “Por su dolorosa pasión…” mientras contaba las decenas con sus deditos, pues nos señalaba su propio Rosario para que lo usáramos nosotros. ¡Hasta en eso fue generoso Luisito!

Creemos sinceramente que Luis fue un elegido del Señor. Nuestro Salvador y Rey Resucitado no quiso ascender al cielo sin llevar en su Cuerpo las marcas de su cruz cual joyas benditas y preciadas. Y esas mismas joyas sólo son dignas de llevarlas con hidalguía cristiana quienes más aman y son dignos de la confianza del Rey. Luis fue uno de ellos. Llevó las llagas del Señor con la valentía de los héroes, que eso son los santos. Una valentía y una claridad que le permitía conocer perfectamente la gravedad de su estado y enfrentar cada día con toda la fuerza que el mismo Señor le daba. Fuerzas que no eran físicas sino espirituales. Fuerzas que lo iban preparando conscientemente para el destino al que están llamados los Santos y los Mártires. Por eso, el último mensaje de texto que recibimos de él y  que queremos compartirles, fue del día 25 de octubre, durante otra emisión radial, dos meses justos antes de su entrada en el Cielo. En el nos confiaba:

“Le estoy poniendo tanta fuerza para vivir que estoy mas preparado para morir que para vivir, y esto es una gran GRACIA de DIOS.”

Querido Luisito, nunca te olvidaremos. Fuiste un gran ejemplo de Guardián del Servicio Sacerdotal. Guardián “a tiempo completo” y “del otro lado del mostrador” como nos decías riendo. Tus virtudes, tus esfuerzos, tu valentía y también tus debilidades, serán para nosotros una guía y una luz. Le damos infinitas gracias a Dios por habernos permitido compartir tu amistad. Sabemos que seguirás eternamente de guardia ahora desde el Cielo, desde donde intercederás por este Servicio tan amado por vos. Y por tu familia, amigos y hermanos en la fe. Desde ahora serás para todos nosotros, que aún navegamos en las aguas inestables de la vida terrena, un ancla firme en el Cielo para que no perdamos el camino. Gracias por tu amistad. Gracias por haber ofrecido tu cruz al Señor. Y gracias Señor por habernos regalado a Luis.

Que estas palabras sirvan para que tus hijitos nunca olviden lo que tu querida esposa les decía en el momento de tu partida y que todos coincidimos:

“Dios nos ha regalado un Santo”.


En memoria de Luis Malah,
Guardián del día 6 del SSN de Mendoza.
Muerto en olor de santidad

el 24 de diciembre de 2013.
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Programa "Cristo Peregrino" sobre su testimonio de vida


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1 comentario:

  1. En estos momentos me siento como una erramienta alcanzada a Luis, porque al llevarle la comunion esa noche senti un deseo enorme de ser contagiado del amor a Cristo, como guardian pienzo que me falta mucho alcanzarlo, como hermano en la Fe y el Amor a Cristo podria desirse que otro tanto y desde ese dia no esta en mis oraciones peri si en mi corazon, porque consiguio apoderarce de parte de el, es presioso sentir hablar del que pueda dar un testimonio, pero un ejemplo cuando se encuentra ya la entrega total al Señor, porque es cuando se lo ve, se lo siente cuando te acaricia y cuando El nos hablabaya sentia lo que sucederia y es por ello que preparo su partida sin reproches a quedarse un poco mas con nosotros.-
    LUIS te agradesco por haberme donado tu ejemplo no como guardian sino como hermano en Cristo, gracias por aber entrado en nuestras vida.-
    Desde un pais lejano pero bajo el mismo cielo te digo, ya que has logrado estar cerca del Señor guianos a imitarte.-

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