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Papa Francisco: "La Iglesia reconoce en los enfermos la presencia de Cristo sufriente"

Ciudad del Vaticano (AsiaNews)- "La prueba de la fe auténtica en Cristo es el don de sí, difundirse el amor por el prójimo, especialmente para quien no lo merece, para quien sufre, para quien está emarginado". Y "en fuerza del Bautismo y de la Confirmación estamos llamados a conformarnos a Cristo, Buen samaritano de todos los que sufren".
Esto, en síntesis, el sentido del mensaje del Papa Francisco para la XXII Jornada Mundial del Enfermo, que se celebra el 11 de febrero de 2014, se hizo público hoy, y que tiene por tema "Fe y caridad; "También nosotros debemos dar la vida por los hermanos" Jn.1,3-16).

Dirigiéndose en particular a los enfermos y a aquellos que los asisten, el Papa escribe que "la Iglesia reconoce en ustedes, queridos enfermos, una especial presencia de Cristo sufriente. Es así: junto, es más, dentro de nuestro sufrimiento está aquella de Jesús, que lleva junto con nosotros el peso y revela el sentido. Cuando el Hijo del Dios subió a la cruz destruyó la soledad del sufrimiento y ha iluminado la obscuridad. Estamos de tal modo frente al misterio del amor de Dios por nosotros, que nos infunde esperanza y coraje: esperanza, por qué en el designio o proyecto de Dios también la noche del dolor se abre a la luz pascual, y coraje, para enfrentar toda adversidad en su compañía, unidos a Él".

"El Hijo de Dios que se hizo hombre no quitó la experiencia de la enfermedad, sino que asumiéndosela en sí, las ha transformado y redimensionadas. Redimensionadas, por qué no tienen la última palabra, que en vez es la vida, nueva en plenitud; transformadas, porque la unión a Cristo de negativas se pueden transformar en positivas. Jesús es el camino y con su Espíritu lo podemos seguir. Como el Padre donó a su Hijo por amor y el hijo se donó él mismo por el mismo amor, también nosotros podemos amar a los otros como Dios no ha amado, dando la vida por los hermanos. La fe en el Dios bueno se convierte en bondad, la fe en Cristo Crucificado se vuelve fuerza de amar hasta el final y también a los enemigos. La prueba de la fe auténtica en cristo Crucificado es el don de sí, el difundirse del amor por el prójimo, especialmente por quien no lo merece, por quien sufre, por quien está marginado".

"Cuando nos acercamos con ternura a aquellos que necesitan curaciones, llevamos la esperanza y la sonrisa de Dios en las contradicciones del mundo. Cuando la dedicación generosa hacia los otros se vuelve el estilo de nuestras acciones, damos espacio al corazón de cristo y somos calentados, ofreciendo así nuestra contribución para la venida del Reino de Dios. Para crecer en la ternura, en la caridad respetuosa y delicada, tenemos un modelo cristiano al cual mirar con seguridad nuestra mirada. Es la Madre de Jesús y Madre nuestra, atenta a la voz de Dios y a las necesidades y dificultades de sus hijos.

"Ella sabe cómo se hace este camino y por esto es la Madre de todos los enfermos y sufrientes. Podemos recorrer confiados a ella con filial devoción, seguros que nos asistirá, nos sostendrá y no nos abandonará. Es la Madre del Crucificado Resucitado: se queda junto a nuestras cruces y nos acompaña en el camino hacia la resurrección y la vida plena".

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