¿Has orado hoy por el Papa Francisco?
"Recen por mí". No lo olvides. Ave María...

El día que el Papa Juan Pablo saludó al Servicio Sacerdotal


Alocución de Juan Pablo II a los enfermos en la Catedral de Córdoba (Argentina). Pronunciado en la mañana del día miércoles 8 de abril de 1987 durante el encuentro especial del Papa Juan Pablo II con cientos de enfermos en Córdoba.
Amadísimos hermanos y hermanas:

1.
 Narra el evangelista San Marcos que un día, cuando Jesús recorría la comarca de Genesaret, “comenzaron a llevarle en camillas, a donde oían que El estaba, a cuantos se encontraban enfermos” (Mc 6, 55).
El Papa ha querido venir hasta vosotros para deciros que Cristo, siempre cercano a los que sufren, os Lama junto a Sí. Aún más: para deciros que estáis llamados a ser “otros Cristo” y a participar en su misión redentora. Y, ¿qué es la santidad sino imitar a Cristo, identificase con El? Quienes se enfrentan al sufrimiento con una visión meramente humana, no pueden entender su sentido y fácilmente pueden caer en el desaliento; a lo más llegan a aceptarlo con triste resignación ante lo inevitable. Los cristianos, en cambio, aleccionados por la fe, sabemos que el sufrimiento puede convertirse –si lo ofrecemos a Dios– en instrumento de salvación, y en camino de santidad, que nos ayuda a alcanzar el cielo. Para un cristiano, el dolor no es motivo de tristeza, sino de gozo: el gozo de saber que en la cruz de Cristo todo sufrimiento tiene un valor redentor.
También hoy el Señor nos invita diciendo: “Venid a mí todos los que estáis fatigados y sobrecargados, que yo os aliviaré” (Mt 11, 28). Volved pues a El vuestros ojos, con la segura esperanza de que os aliviará, de que en El encontraréis consuelo. No dudéis en hablarle de vuestro sufrimiento, tal vez también de vuestra soledad; presentadle todo ese conjunto de pequeñas y. a menudo, grandes cruces de cada día, y así –aunque tantas veces parezcan insoportables– no os pesarán, pues será Jesús mismo quien las llevará por vosotros: “Nuestros sufrimientos El los ha llevado, nuestros dolores El los cargó sobre Sí” (Is 53, 4).
En este camino de seguimiento de Cristo, sentiréis el gozo íntimo de cumplir la voluntad de Dios. Un gozo que es compatible con el dolor; porque es la alegría de los hijos de Dios, que se saben llamados a seguir muy de cerca a Jesús en su camino hacia el Gólgota.

2. Sabemos bien –gracias a la divina Revelación– que el dolor y el sufrimiento están inseparablemente unidos a la condición humana desde el pecado de nuestros primeros padres (cf. Gn 3, 7-19). Sin embargo, ese dolor y ese sufrimiento tienen un valor redentor, habiendo sido asumidos por Cristo, que “en su condición de hombre, se humilló a Sí mismo haciéndose obediente hasta la muerte y muerte de cruz” (Flp 2, 8). Jesucristo, verdadero Dios y verdadero hombre, quiso rescatarnos del pecado, del dolor y de la muerte. Para ello sufrió una pasión cruenta, que culminó con la entrega de su vida en la cruz, y a la que siguió su resurrección gloriosa, obrando de este modo la redención del género humano. En este tiempo de Cuaresma, nos preparamos para vivir en espíritu estos misterios de nuestra redención, con especial intensidad durante la Semana Santa.
En esta redención, obrada por Jesucristo, vosotros tenéis un papel de primer orden, pues –como dice San Pablo– completáis en vuestra carne lo que falta a la pasión de Cristo (cf. Col 1, 24). La redención que nos ganó Cristo de una vez para siempre, se sigue aplicando a los hombres, a través de los tiempos, por medio de la Iglesia, que se apoya de modo especial en el dolor y en el sufrimiento de los cristianos, que son ¡otros Cristos!

3. La Iglesia, como buena Madre, os lleva en su corazón; contempla en vosotros el dulce rostro de Cristo doliente. Reza constantemente por vosotros, para que el lecho del dolor en el que os encontráis, se transforme en altar donde os ofrecéis a Dios, para su gloria y para la salvación del mundo entero.
Este amor solícito de Cristo y de la Iglesia hacia vosotros se expresa también, con toda su virtud, en el sacramento de la unción de los enfermos. ¡Cuánta fortaleza encontraréis en él! Esa unción os ayudará a sobrellevar el dolor; os animará para no caer en la angustia que acompaña muchas veces a la enfermedad; si es conforme a los designios de Dios, os dará la salud corporal, pero sobre todo, os dará la salud del alma, haciéndoos sentir la presencia del Señor y disponiéndoos –cuando El lo quiera– para ir a la casa del Padre, con la serenidad y la alegría que caracterizan a los buenos hijos.

4. No puedo olvidar a cuantos participáis en el servicio de atender a los hermanos que sufren; no como simple beneficencia altruista, sino movidos por la caridad que el mismo Cristo os agradecerá el día del juicio cuando os diga: “Estuve enfermo, y me visitasteis” (Mt 25, 36), porque “cuanto hicisteis a uno de estos mis hermanos más pequeños, a mí me lo hicisteis” (Ibíd., 25, 40).
Así, pues, familiares, médicos, enfermeras, asistentes, religiosos y religiosas hospitalarios, y cuantos prestáis este servicio, sed conscientes de la gran tarea que Dios os encomienda. Los enfermos que dependen de vosotros necesitan y esperan vuestra asistencia. Dios recompensará, con abundancia, el heroísmo que tantas veces derrocháis al cuidar a estos hermanos vuestros.

5. Es de fundamental importancia la acción pastoral que los sacerdotes han de desarrollar entre los enfermos. Ningún sacerdote puede sentirse eximido de esta obligación. En especial, los que tienen encomendada la cura de las almas deben encontrar, en esta atención, una de las ocupaciones ministeriales más queridas a su solicitud de Pastores.
Una verdadera comunidad cristiana nunca abandona a los más necesitados y a los más débiles, sino que les brinda un cuidado prioritario. En el espíritu de vuestro pueblo, hay sentimientos de nobleza y solidaridad, arraigados en vuestra fe cristiana: continuad trabajando intensamente para que estos sentimientos se conserven y renueven.
Sé que, como fruto de una iniciativa en esta ciudad de Córdoba, se creó el primer servicio sacerdotal de urgencia. A través de él, cada noche, sacerdotes y laicos en vigilante espera, se movilizan para atender el llamado de Cristo a través de sus enfermos.
Sé también que este hermoso ejemplo se ha multiplicado en numerosas diócesis de la Argentina. Me da mucha alegría, y os aliento a continuar en este esfuerzo apostólico mediante el cual se hace visible la solicitud de la Iglesia, que vela día y noche por sus hijos más necesitados
.

6. Mis queridos hermanos y hermanas: Junto a vosotros está siempre Santa María, como estuvo al pie de la cruz de Jesús. Acudid a Ella exponiéndole vuestros dolores. La mano y la mirada maternales de la Virgen os aliviará y consolará, como sólo Ella sabe hacerlo.
Cuando recéis el Santo Rosario, poned especial acento en aquella invocación de la letanía: “Salud de los enfermos, ruega por nosotros”.
En la Santa Misa que celebrare hoy, recordaré a todos ante el Señor y especialmente a vosotros, queridos enfermos; en el altar, junto a Cristo víctima, estarán vuestros dolores. Y ahora os imparto de corazón una particular Bendición Apostólica, a la vez que me encomiendo a vuestras oraciones, avaloradas por el dolor.
En el nombre del Padre, y del Hijo y del Espíritu Santo. Amén.


Fuente: Juan Pablo II entre nosotros - Libro de Oro de una visita Inolvidable - Edición Extraordinaria revista Esquiú. Abril 1987 páginas 134 y 135.

La Comisión Médica del Vaticano reconoció como “inexplicable” una curación atribuida al beato Juan Pablo II

12 de abril de 1987. Domingo de Ramos.
II Jornada Mundial de la Juventud. Buenos Aires.
 Ciudad del Vaticano (AICA): La Comisión Médica de la Congregación para las Causas de los Santos habría reconocido que es inexplicable una curación atribuida a la intercesión del beato Juan Pablo II. El presunto “milagro” tendrá que ser ahora aprobado por los teólogos y luego por la comisión de cardenales y obispos de la congregación, antes de ser sometido al Papa para el “sí” definitivo. 

El postulador de la causa, monseñor Slawomir Oder, presentó, en enero último, a la Congregación vaticana para las Causas de los Santos para un dictamen preliminar una presunta curación milagrosa. Como es sabido, tras la aprobación de un milagro para la proclamación como beato, el procedimiento canónico prevé el reconocimiento de un segundo milagro. 

Dos médicos de la comisión vaticana examinaron previamente este nuevo caso, dando ambos su dictamen favorable. El dossier con los historiales clínicos y los testimonios, consecuentemente fue presentado oficialmente al dicasterio que lo expuso para ser 
discutido por una comisión de siete médicos, presidida por el doctor Patrizio Polisca, cardiólogo de Juan Pablo II, médico personal de Benedicto XVI y ahora del papa Francisco.

10 de abril de 1987. Al final de la Misa en el Estadio de Velez
También la comisión médica dio su dictamen favorable definiendo como inexplicable desde el punto de vista científico la curación atribuida a la intercesión del beato Karol Wojtyla. 

La aprobación por la comisión médica es el trámite que se considera más importante ya que ni los teólogos ni los cardenales entran de hecho en las valoraciones clínicas concernientes al caso. 

De continuar el proceso en forma favorable Juan Pablo II se convertiría en el segundo Papa proclamado santo en el último siglo, tras Pío X. 

Las tribulaciones forman parte del camino para llegar a la gloria de Dios


En la Misa de este V domingo de Pascua, en donde ha confirmado a numerosos jóvenes, el Papa ha dicho:
"El camino de la Iglesia, también nuestro camino cristiano personal, no es siempre fácil, encontramos dificultades, tribulación. Seguir al Señor, dejar que su Espíritu transforme nuestras zonas de sombra, nuestros comportamientos que no son según Dios, y lave nuestros pecados, es un camino que encuentra muchos obstáculos, fuera de nosotros, en el mundo, y también dentro de nosotros, en el corazón. Pero las dificultades, las tribulaciones, forman parte del camino para llegar a la gloria de Dios, como para Jesús, que ha sido glorificado en la Cruz; las encontraremos siempre en la vida. No desanimarse. Tenemos la fuerza del Espíritu Santo para vencer estas tribulaciones."

El texto completo de la homilía aquí.

El Servicio en la radio: "Cristo Peregrino"


Hemos publicado en el siguiente enlace los tres últimos programas emitidos por Radio Murialdo de Mendoza. En este último programa con la visita a nuestros estudios de Víctor y Dalinda. Además, la bendición apostólica a todos los enfermos del Cardenal Bechara Butros Rai que estuvo de visita en la Parroquia San Juan Marón de Godoy Cruz, Mendoza.

Los programas aquí: 

P. José Gabriel del Rosario Brochero: Un cura alegre

(RV).- (Con audio) RealAudioMP3 Los Obispos de la Conferencia Episcopal Argentina, tras celebrar su 105ª Asamblea plenaria, hicieron público el pasado 20 de abril un Mensaje al pueblo de Dios con motivo de la próxima Beatificación del Cura Brochero.

Tras recordar que están viviendo tiempos muy especiales como Iglesia y como argentinos, destacan que el próximo 14 de septiembre, en el marco del Año de la fe, vivirán la alegría de la beatificación del Padre Brochero, mientras ya tuvieron la gracia de la beatificación de la Hna. María Crescencia Pérez, religiosa argentina, y el gozo de que un hermano fuera elegido por Dios como Obispo de Roma y Pastor Universal.

De la figura del próximamente nuevo beato destacan que no fue un cristiano triste. Sino que sabía de la alegría que da Jesús y la quería contagiar. Por eso al visitar a la gente en sus casas, les decía: “Aquí vengo a darles música”. La música de saberse amados por Dios”. Por esta razón, los prelados argentinos escriben que hoy la alegría del cielo que les transmite la beatificación del Padre Brochero, permite multiplicar sus brazos, sus pies y su corazón, a través de cada uno de ellos, invitándolos “a ser discípulos misioneros de Jesucristo”, tal como decía este sacerdote nacido en Santa Rosa de Río Primero en 1840.

“Pastor dotado de gran espíritu de sacrificio y extraordinaria caridad pastoral y social – escriben los Obispos argentinos – sirvió a la gente más pobre del campo, compartió su vida y promovió en ella la elevación humana y religiosa, especialmente a través de los Ejercicios Espirituales de San Ignacio de Loyola”.

Y concluyen su mensaje a los argentinos recordándoles que los tiempos los urgen, para que siguiendo el ejemplo de los santos, experimenten “la dulce y confortadora alegría de evangelizar”.

(María Fernanda Bernasconi - RV).

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Mensaje de los obispos al santo pueblo de Dios por la Beatificación del Cura Brochero
Queridos hermanos y hermanas:

Estamos viviendo tiempos muy especiales como Iglesia y como argentinos. El próximo 14 de septiembre, y en el marco del Año de la fe, viviremos la alegría de la beatificación del Padre Brochero. Además, tuvimos gracia de la beatificación de la Hna. María Crescencia Pérez, religiosa argentina, y el gozo de que un hermano nuestro fuera elegido por Dios como Obispo de Roma y Pastor Universal.

José Gabriel del Rosario Brochero, un "Pastor según el corazón de Dios…quien fue… ungido para ungir al pueblo fiel, un verdadero Pastor con olor a oveja, al decir del Papa Francisco, nació en Santa Rosa de Río Primero en 1840. Se formó en el Seminario de Córdoba y en 1869 fue destinado como cura párroco a Traslasierra. Desde las Altas Cumbres, divisando el valle, vio que estaba todo por hacer. Pastor dotado de gran espíritu de sacrificio y extraordinaria caridad pastoral y social, sirvió a la gente más pobre del campo, compartió su vida y promovió en ella la elevación humana y religiosa, especialmente a través de los Ejercicios Espirituales de San Ignacio de Loyola.

Papa Francisco: "No se avergüencen de dar ternura a los ancianos"

A continuación publicamos la homilia del papa en la Ordenación Sacerdotal del domingo 21 de abril en la Basilica San Pedro.





Queridísimos hermanos y hermanas

Estos hermanos e hijos nuestros han sido llamados al orden del presbiterado. 
Reflexionemos atentamente a cuál ministerio serán elevados en la Iglesia.
Como bien saben, el Señor Jesús es el único Sumo Sacerdote del Nuevo Testamento, pero en Él también todo el pueblo santo de Dios ha sido constituido pueblo sacerdotal.

Sin embargo, entre todos sus discípulos, el Señor Jesús quiere elegir algunos en particular para que, ejerciendo públicamente en la Iglesia en su nombre el oficio sacerdotal en favor de todos los hombres, continúen su personal misión de maestro, sacerdote y pastor.

Así como en efecto, para ello Él había sido enviado por el Padre, del mismo modo Él envió a su vez al mundo, primero a los apóstoles y luego a los obispos y sus sucesores, a los cuales, en fin, se dio como colaboradores a los presbíteros, que –unidos a ellos en el ministerio sacerdotal – están llamados al servicio del pueblo de Dios. 

Después de madura reflexión y oración, ahora estamos por elevar al orden de los presbíteros a estos hermanos nuestros, para que al servicio de Cristo, Maestro, Sacerdote y Pastor, cooperen en la edificación del Cuerpo de Cristo que es la Iglesia como pueblo de Dios y Templo Santo del Espíritu Santo. 


En efecto, ellos serán configurados en Cristo, Sumo y Eterno Sacerdote, es decir que serán consagrados como verdaderos sacerdotes del Nuevo Testamento y con este título que los une en el sacerdocio a su obispo, serán predicadores del Evangelio, pastores del Pueblo de Dios y presidirán las acciones de culto, especialmente en la celebración del sacrificio del Señor. 


En cuanto a ustedes, hermanos e hijos amadísimos, que están por ser promovidos al orden del presbiterado, consideren que ejerciendo el ministerio de la Sagrada Doctrina serán partícipes de la misión de Cristo, único Maestro. Dispensen a todos aquella Palabra de Dios que ustedes mismos han recibido con alegría. Recuerden a sus mamás, abuelitas, catequistas, que les dieron la Palabra de Dios, la fe…. este don de la fe, que les transmitieron, este don de la fe. Lean y mediten asiduamente la Palabra del Señor, para creer lo que han leído, para enseñar lo que aprendieron en la fe, vivir lo que han enseñado. Recuerden también que la Palabra de Dios no es propiedad de ustedes: es Palabra de Dios. Y la Iglesia es la que custodia la Palabra de Dios. 

Por lo tanto, que la doctrina de ustedes sea alimento para el Pueblo de Dios; alegría y sostén a los fieles de Cristo el perfume de vuestra vida, para que con su palabra y su ejemplo ustedes edifiquen la casa de Dios, que es la Iglesia. Ustedes continuarán la obra santificadora de Cristo. Mediante el ministerio de ustedes, el sacrificio espiritual de los fieles se hace perfecto, porque se une al sacrificio de Cristo, que por medio de las manos de ustedes, en nombre de toda la Iglesia, es ofrecido de modo incruento sobre el altar de la celebración por los Santos Misterios.

Reconozcan pues lo que hacen. Imiten lo que celebren, para que participando en el misterio de la muerte y resurrección del Señor, lleven la muerte de Cristo en sus miembros y caminen con Él en novedad de vida.

Con el Bautismo agregarán nuevos fieles al Pueblo de Dios. Con el Sacramento de la Penitencia remitirán los pecados en nombre de Cristo y de la Iglesia: hoy les pido en nombre de Cristo y de la Iglesia, por favor, no se cansen de ser misericordiosos. Con el óleo santo darán alivio a los enfermos y también a los ancianos: no se avergüencen de dar ternura a los ancianos … Celebrando los sagrados ritos y elevando sus oraciones de alabanza y súplica durante las distintas horas del día, ustedes se harán voz del Pueblo de Dios y de la humanidad entera. 

Conscientes de haber sido elegidos entre los hombres y constituidos en favor de ellos para cuidar las cosas de Dios, ejerzan con alegría y caridad sincera la obra sacerdotal de Cristo, con el único anhelo de gustar a Dios y a no a ustedes mismos. Sean pastores, no funcionarios. Sean mediadores, no intermediarios. 

En fin, participando en la misión de Cristo, Cabeza y Pastor, en comunión filial con su obispo, comprométanse en unir a sus fieles en una única familia para conducirlos a Dios Padre por medio de Cristo en el Espíritu Santo. 


Tengan siempre ante sus ojos el ejemplo del Buen Pastor, que no ha venido para ser servido, sino para servir y para tratar de salvar lo que estaba perdido. 

(Traducción del italiano de Cecilia de Malak)



Cristo Peregrino


"Cristo peregrino" es el programa radial semanal del Servicio Sacerdotal Nocturno de Mendoza. Emite los viernes de 21:00 a 22:00 hs. por Radio Murialdo AM y FM en Mendoza. Tambien puede escucharse via web en www.radiomurialdo.com.ar. A continuación podrá escuchar el programa perteneciente al Viernes 19 de abril.


FOR EXPORT !!! : El Servicio Sacerdotal se expande a ECUADOR



Una delegación de 22 personas pertenecientes al Servicio Sacerdotal Nocturno de la Argentina, viajó a Quito, Ecuador, invitados por el Arzobispo de Quito Mons Fausto Trávez, para apoyar la iniciativa de fundación del Servicio Sacerdotal en aquella Diocesis.


Esta hermosa iniciativa que comienza a cristalizarse fue gracias a la Sra. Amparo Medina, gran testimonio de fe, que en una visita a la Ciudad de Mendoza, conoce la tarea del Servicio Sacerdotal Nocturno de nuestra Diocesis. Amparo junto al Señor Manuel Martín (SSN Mza), impulsor incansable del Servicio, se ponen al hombro la tarea de entusiasmar a los Obispos de Ecuador. Con este fin Manuel comienza ya en agosto del año pasado los contactos pertinentes para informar sobre nuestro trabajo pastoral y logra, con mucha dedicación y compromiso, que los Obispos ecuatorianos, animados por el Espíritu Santo, den claras señales en la concreción de este ideal.


Mons Fausto Trávez

De esa manera y tras varios meses de contacto fraterno, una numerosa comitiva logra realizar el viaje para ayudar en un Taller de iniciación e información para laicos y sacerdotes en Quito. Participaron del viaje cuatro Sacerdotes argentinos. El Pbro Evilasio Pascual, Asesor Espiritual SSN Mza, Pbro Roberto Juárez, Sacerdote Guardián SSN Mza, Pbro Jorge Beigbeder, Asesor Espiritual SSU Lomas de Zamora (Buenos Aires), Pbro. Edmundo Ortiz, Asesor Espiritual SSU Tucumán. También estuvieron presentes: Alejandro Amoretti Guardián fundador y 1er presidente del SSN Mza, Eduardo Gobbi Presidente SSN Mza, Alberto Facchinelli, Manuel Martín, Walter Famá, Enrique Rubio, José Amoretti, Carlos Rivero, Víctor Ortiz y Daniel Chacón, todos guardianes del SSN Mza. En representación de la Subcomisión Damas del SSN de Mendoza las señoras Dalinda de Ortiz Presidente SubComisión Damas SSN Mza, Esther de Rivero, Carmen de Rubio, Silvia de Chacón. Por último destacamos la presencia del Señor Héctor Varela, Presidente Federación de SSU y los señores Miguel Barrera, Dante Molina y José Luis Romero, pertenecientes al Servicio Sacerdotal de Tucumán.


Manuel Martín (SSN Mza), Amparo Medina (impulsora SSN Quito),
Pbro Ramiro Rodríguez (SSN Quito)
En Quito se mantuvieron reuniones con el Arzobispo de Quito Mons Fausto Trávez, el Obispo Auxiliar Danilo Echeverría, el Pbro Ramiro Rodríguez, y otros clérigos; también con distintos movimientos católicos e  instituciones laicas. Fueron entrevistados por la Televisión, Radio María y Radio Católica. En todo lugar expusieron la obra de los Servicios Sacerdotales. Una reunión importantísima de este tipo se llevó a cabo este jueves 11 de abril en la Conferencia Episcopal Ecuatoriana, ante todos los obispos del país.


Los ya citados más Juan Pablo Poli, nombrado Presidente de SSN Quito,
y la Presidente Subcomisión Damas SSN Quito
Confiando en las palabras del Señor, el Servicio Sacerdotal ha hechado sus redes en Ecuador y esperamos que muy pronto tengamos noticias de los abundantes frutos que surgirán.

Una imagen, tres palabras

Los regalos que Dios nos ha permitido recibir en nuestra Santa Iglesia:


Intenciones de oración del Papa para el mes de abril


La intención general del apostolado de la oración del Papa para el mes de abril es: ¨Para que la celebración pública y orante de la fe sea fuente de vida para los creyentes”

Su intención misional es: “Para que las Iglesias locales de los territorios de misión sean signos e instrumentos de esperanza y de resurrección”.

Testimonio Sacerdotal: De guardia las 24 hs.


"Todas las semanas va a un hospital para atender a uno o varios enfermos. Siempre viste de sacerdote, pero especialmente le gusta ir con sotana a los hospitales pues, según su experiencia, ayuda a dar paz y confianza a los enfermos. Por supuesto, cuando le ven, los familiares de otras habitaciones le piden que entre un momento a ver al enfermo. Lo que sólo iba a ser la visita a uno o dos enfermos, se convertía en una auténtica “visita de planta”. Y eso, sólo por ir de sotana.
Al terminar uno de esos días, por pura comodidad, decidió salir por urgencias, ya que tenía el coche aparcado por esa zona. Al atravesar el pasillo que conducía a la salida, sintió que una mano le agarraba del brazo y le decía: “¡Padre, confiéseme, por favor!”. Por lo visto, se trataba de un herido grave, postrado en una camilla, al que debían operar urgentemente, pues se temía por su vida.
Resultó que el herido también era sacerdote (aunque no llevaba nada que ayudara a identificarlo). El confesor le atendió con mucho cariño. Al final, le animó a que, si salía de allí, no olvidase vestir siempre como sacerdote, ya que si él (el confesor) no hubiera ido vestido con sotana, el enfermo no le habría identificado ni, por tanto, pedirle confesión. “Como nuestra tarea es llevar almas a Dios –le vino a decir–, debemos ser como un taxi, con el letrero y la luz siempre encendidos, para que, incluso desde lejos, cualquiera nos pueda parar y solicitar nuestros servicios. Los fieles necesitan curas que no teman vestir como sacerdotes, ya que debemos estar de guardia las 24 horas del día”
(Tomado de La Cigüeña)


Mensaje de Pascua 2013

La celebración de la noche de Pascua se abre con un gesto ritual rico de significado: la bendición del fuego nuevo. 

Jesús había dicho de sí mismo y de su pasión: “Yo he venido a traer fuego sobre la tierra, ¡y cómo desearía que ya estuviera ardiendo!” (Lc 12,49). 

La figura de Jesús que nos ofrecen los evangelios es precisamente la de un hombre habitado por un intenso fuego interior. Un hombre apasionado en sus palabras y en sus gestos.

Todo en él tiene esa intensidad del fuego: así ora a su Padre en la montaña, durante la noche o en el huerto de Getsemaní; con la misma fuerza se acerca a los pecadores, a los enfermos y a los débiles. Para todos tiene una palabra de vida. Con esa pasión predica la cercanía de Dios, su misericordia y ternura. Ese fuego se vuelve cólera cuando choca con la hipocresía o la dureza de corazón de los hombres religiosos de su tiempo. 

Es el fuego que quiere compartir y contagiar a los que ha llamado a su seguimiento, para que ese fuego encienda otros fuegos. 

Traicionado por uno de los suyos y entregado en manos de sus enemigos, el fuego de su pasión alcanzará su punto culminante en su muerte y resurrección. Los ojos de la fe reconocen allí la más alta manifestación del amor de Dios que, en la humildad y fragilidad del Crucificado, se ofrece como salvación a todos los hombres. 

La fe nos ofrece así la clave para conocer la verdadera naturaleza de ese fuego: Jesús es el Hijo de Dios que ha venido a nosotros. Es Dios con nosotros. El fuego del que es portador no es otro que el Espíritu Santo que une en el amor y desde toda la eternidad al Padre y al Hijo.

Los cristianos acabamos de celebrar la Pascua de Jesucristo. La solemnidad y noble sencillez de los ritos litúrgicos apenas alcanzan a expresar la fuerza interior de ese fuego que es el corazón de la Iglesia y que sigue comunicándose al mundo.

Desde esta vivencia evangélica quisiéramos acercar nuestro saludo pascual. 

Somos discípulos de Jesús. A Él nos dirigimos suplicando el don de su Espíritu para que el fuego de su amor siga animando la vida y misión de cada una de nuestras comunidades cristianas. 

La pasión por Jesús y su Evangelio es mostrar a cada persona que Dios es Padre, que el destino del hombre es la eternidad, que todos estamos llamados a vivir como hermanos y que tenemos que cuidarnos unos a otros, y cuidar también la casa común que habitamos. Destinatarios privilegiados de este mensaje son los pobres, los enfermos, los que sufren. 

Al desear felices Pascuas a todos los mendocinos renovamos nuestro deseo de acercar a todos el fuego del Evangelio del amor de Dios que salva y dignifica. 


+ Carlos María Franzini
+ Sergio O. Buenanueva