¿Has orado hoy por el Papa Francisco?
"Recen por mí". No lo olvides. Ave María...

Asamblea nacional: Crónica de los hermanos de San Rafael


Bajo el lema "La luz que el Señor deja encendida toda la noche", se reunieron 17 diócesis provinciales congregando a unas 150 personas, entre laicos, sacerdotes y gente comprometida con la actividad social. El encuentro arrancó el 14 y terminó el 16 y se llevó a cabo en Guaymallén. 
De San Rafael participaron 9 guardianes que trabajan en el Servicio Sacerdotal Nocturno, y según Jorge Yagüe, uno de los asistentes que contó su experiencia a Diario San Rafael, "todavía estamos tratando de volver a la normalidad, luego de vivir esos momentos tan intensos. La asamblea fue importante, fuerte, porque hubo gente de todo el país, y Mendoza fue la anfitriona de las 15 delegaciones que participamos".
El Gobierno de Mendoza, mediante el decreto N° 1218, declaró a esta asamblea, de interés provincial. Este voluntariado, que es totalmente gratuito y se brinda todos los días del año desde las 21.30 hasta las 6,30, consiste en llevar el auxilio espiritual de un sacerdote a los enfermos que se encuentren en los hospitales, geriátricos o casas particulares durante toda la noche.
Yagüe expresó que "cada delegación hizo una presentación sobre cómo se ha desenvuelto la tarea en el año, todo lo que se ha hecho, y sobre todo se piensa y se debate como mejorar, se busca la optimización". Sobre su experiencia personal contó que "tengo un montón de apuntes a los que todavía no he querido ni mirar". Vale decir que los guardianes viajaron con sus esposas, y mientras ellos participaban de las reuniones, para las damas se planificaron distintas actividades, como paseos por la ruta de las bodegas y demás.
La novedad es que la sede de la asamblea para el año 2016 será San Rafael, por lo tanto los integrantes del servicio ya están pensando en cómo organizar las cosas. "Es como los mundiales de fútbol todos quieren hacer la mejor presentación", bromeó Yagüe, aclarando que les espera un intenso trabajo por hacer.
En agosto pasado, el Servicio Sacerdotal Nocturno de Mendoza celebró sus 60 años. Cerca de 60.000 personas, entre ellos, gente mayor, jóvenes y bebés recibieron los sacramentos del Bautismo, Matrimonio y la Unción de los Enfermos.

XXXII ASAMBLEA NACIONAL DE SERVICIOS SACERDOTALES DE URGENCIA Y NOCTURNOS

El 15 de agosto el Servicio Sacerdotal Nocturno de Mendoza, cumplió sus 60 años de fundación. Continuando con las celebraciones de nuestro aniversario, tendremos en este mes de noviembre en Mendoza y como reconocimiento, la realización de la “XXXII Asamblea Nacional de Servicios Sacerdotales de Urgencia y Nocturnos”, con la participación de nuestros hermanos ecuatorianos y de la Federación Nacional. Es la gran oportunidad que tendremos de reunirnos con hermanos guardianes y sacerdotes asesores de otras diócesis. Intercambiar experiencias y fraternizar en un clima de oración y de Eucaristía; entusiasmarnos para entusiasmar a los hermanos que no podrán participar. 

Mucho nos ayudaran los acontecimientos que nos acompañaran este mes de noviembre:
Solemnidad de todos los Santos, recordándonos que todos estamos llamados a la santidad y cuanto bien aportara en la realización de nuestro apostolado.
Conmemoración de todos los fieles difuntos, realidad ultima de nuestra vida a la cual todos nos acercamos y cuán importante es estar siempre bien preparados, y por nuestra generosidad, Dios permitirá que cuando llegue el día, el S.S.N. estará a nuestro lado brindándonos los últimos auxilios espirituales. 
Mes de María, nos recordara que para ser buenos hermanos guardianes y sacerdotes, cuan importante además de la Eucaristía, es la devoción a nuestra Madre del Cielo. 
Cristo Rey, terminará el año litúrgico y el día del laico, nos invita a que Cristo Rey reine en nuestros corazones y lo hagamos reinar en nuestra sociedad.

Aprovechemos estos momentos de tantas gracias para que hagamos mejor nuestra tarea y hagamos de nuestra vida un verdadero servicio.

Cuantos enfermos asistidos en su último transito algún día saldrán a recibirnos. Escuchar ese día las palabras del Señor. . . “a mí me lo hicisteis” (Mt. 25,40) y . . . “reciban en herencia el Reino de los cielos” (Mt. 25, 34).
Vale la pena, vale la pena.

Todo a Jesús por María

Preguntas ¡y respuestas! ante la muerte

Este fin de semana es un tiempo de gracias. Ayer celebramos a los santos y hoy rezamos por los difuntos. Ayer fue el día de los creyentes. Hoy es el día del hombre.
 
Hoy recordamos a los difuntos. Vidas que concluyeron. Vidas tantas veces inconclusas. Se cerró el horizonte de la vida. Nos dejaron dolor y vacío. ¡Cómo no temer la muerte que frustra todos los planes de plenitud!
 
Todos caminamos con la pregunta de la muerte. Con esa herida. La tapamos con cosas y proyectos, asegurando un futuro incierto. De vez en cuando nos duele. Todos dudamos, todos confiamos de alguna forma, todos deseamos dejar huella, que no nos olviden, todos tenemos miedo al sinsentido, a desaparecer.
 
La muerte forma parte del misterio humano más hondo, nos hace vulnerables y humanos. Somos pequeños. Necesitados de otros. ¿Cómo será? ¿Cuándo?Es la incertidumbre que a todos los hombres nos acompaña y nos une.
 
Vivimos la vida con pasión pero sabemos que el tiempo es limitado y soñamos con la vida que no termina, con el amor que no acaba.
 
En la muerte se esconde el misterio de la vida y en la vida el de la muerte. Las cosas que son importantes en el momento de la muerte, son las importantes en la vida. Ante la muerte nos importa lo más sagrado, las personas, Dios, y tantas cosas pequeñas dejan de estar en primer plano.
 
Así quisiéramos vivir cada día. Pero estamos divididos entre la altura y las caídas. El alma y el cuerpo, lo más alto y el descenso. La imagen de la meta, la casa, un destino, un descanso.
 
No queremos perder la esperanza. Tenemos miedo a perder a los que más amamos. Echamos de menos a los que no están y no es fácil sentir su presencia desde el cielo. Necesitamos tocar, ver, acariciar. Añoramos no tenerlos a nuestro lado. A veces dudamos.
 
Aquellos que no creen puede que se pregunten si de verdad existe algo más. Para nosotros que creemos, también a veces es difícil creer sin ver. Nadie ha vuelto para contarnos. Es humano temer y dudar. No pasa nada.
 
Querríamos caminar por la vida sin miedo. El salto de fe es tembloroso e incierto. Nuestra vida es caminar hacia el cielo en ese claroscuro de la fe y del amor. Consiste en ayudarnos los unos a los otros, sabiendo que nuestra sed sólo se apagará en el cielo.
 
Nada tendría que apartarnos de su amor. Debería bastarnos para caminar. Confiando avanzamos. La muerte es ese final que turba tanto al corazón. El corazón desea el infinito y sufre con la temporalidad, con lo caduco. 
 
Quisiéramos que todo lo vivido fuera eterno. Los momentos de alegría, de encuentro, de familia, de hogar. Los mejores recuerdos de infancia, de intimidad con alguien que nos ha amado mucho, que nos comprendió, los instantes de paz en que hemos tocado a Dios y hemos sentido su abrazo. Los momentos de risa, de diversión, de ternura, de misericordia y perdón dado y recibido. Los momentos de luz. De descanso después de la tormenta. El nacimiento de un hijo, un descubrimiento que nos abrió la vida de nuevo, una palabra que nos marcó. Todos esos momentos que guardamos dentro son tesoros que quieren ser eternos. 
 
A veces nos duelen por la nostalgia del pasado y anhelamos que vuelvan. Cada uno sabe qué guarda dentro. Esos momentos serán eternos en el cielo. De alguna forma serán eternos junto a Dios. Y mucho más, porque el sello de Dios es que siempre desborda.
 
La renuncia a tantas cosas que nos tocó en la vida hará que nuestro cáliz del alma vaciado se llene por fin. Todo eso es lo que viven los que nos han precedido en el camino, eso es lo que creemos.
 
Pienso que el cielo es estar junto a Dios, junto a Maríajunto a las personas que hemos amado más en la tierra. Sin nada de lo que nos enturbia ahora la mirada y el corazón. Sentirnos perdonados del todo, amados del todo, abrazados del todo.

 
Aun así, no sabemos, no conocemos, porque no lo vemos, y preferimos esperar. Necesitamos a los que amamos, que se queden, que no se vayan todavía. No podemos vivir sin ellos. No queremos que sufran, que pasen dolor ni enfermedad, no queremos estar sin ellos. El alma se desgarra.
 
Pero esperamos, confiamos, nos fiamos del amor de Dios, de que siempre cumple sus promesas. Él escucha nuestra oración y nuestro corazón da un salto al vacío. Creemos porque otros creen, creemos porque hemos conocido el amor de Dios. 
 
Creo que mi vida es para siempre, creo que mi vida en plenitud no terminará nunca. Creo que los que más sufren serán consolados, que Dios y María los esperan a la puerta del cielo para cogerlos en brazos.
 
Y creo que los que más han amado recibirán un amor que no podemos imaginar. Creo que mis seres queridos que han dado la vida por los suyos de forma sencilla, ahora me cuidan, me esperan, me protegen, interceden por mí y de alguna forma están a mi lado.
 
Creo que Dios saldrá a buscarme en el momento de mi paso, que sabe mi pecado mejor que yo y que sólo desea perdonarme, y decirme que soy su hijo querido, que por fin estoy con Él. Y ante Él me sentiré niño de nuevo.
 
Jesús nos dice hoy que va a prepararnos el camino. Que nos guarda sitio, junto a Él. Eso nos sostiene. No nos promete un cielo frío. Nos promete estar junto a Él. Me aguarda, me reserva el sitio mejor, el lugar que anhelo con todas mis fuerzas, donde se calme mi herida, mi sed, mis sueños. Ese lugar donde lo que soy llegue a plenitud, donde estén los míos. Nos dice que hay muchas estancias. Que cabemos todos.
 
El camino es Él. Y está siempre abierto. Su costado abierto nunca se cierra. Recorriendo su corazón, su misterio, su cruz, su vida y su muerte, llego a mi hogar, a la casa de mi Padre. Y mientras tanto, va a mi lado, enseñándome a amar la vida, a dejarme el corazón hecho jirones y a vivir un poco, junto a otros, el cielo en la tierra.


Papa Francisco: “La muerte no es la última palabra sobre el destino del ser humano


Queridos hermanos y hermanas:
 
Ayer celebramos la solemnidad de Todos los Santos, y hoy la liturgia nos invita a conmemorar a los fieles difuntos. Estos dos sucesos están íntimamente relacionados unos con otros, así como la alegría y las lágrimas encuentran en Jesucristo, una síntesis que es el fundamento de nuestra fe y de nuestra esperanza. Por un lado, en efecto, la Iglesia, peregrina en la historia, se regocija por la intercesión de los santos y beatos que sostiene la misión de anunciar el Evangelio; por otro lado, ella, como Jesús, comparte las lágrimas de los que sufren la separación de sus seres queridos, y como ÉL y a través de Él se hace eco del agradecimiento al Padre que nos ha librado del dominio del pecado y de la muerte.
 
Entre ayer y hoy muchos hacen visita al cementerio, que, la misma palabra, es el "lugar de descanso", en espera del despertar final. Es bello pensar que será Jesús mismo a despertarnos. Jesús mismo reveló que la muerte del cuerpo es como un sueño del cual Él nos despierta. Con esta fe nos detenemos - incluso espiritualmente - ante las tumbas de nuestros seres queridos, los que nos han amado y han hecho algún bien. Pero hoy estamos llamados a recordar a todos, incluso los que nadie se acuerda. Recordamos a las víctimas de la guerra y la violencia; muchos "pequeños del mundo" aplastados por el hambre y la pobreza. Recordamos los anónimos que reposan en fosas comunes. Recordamos a nuestros hermanos y hermanas muertos porque son cristianos; y aquellos que sacrificaron sus vidas por servir a los demás. Encomendamos al Señor, sobre todo aquellos que nos han dejado en este último año.
 
La tradición de la Iglesia siempre ha exhortado a orar por los difuntos, en particular, al ofrecer a la Celebración Eucarística: esa la mejor ayuda espiritual que podemos dar a sus almas, especialmente a los más abandonados. El fundamento de la oración de sufragio se encuentra en la comunión del Cuerpo Místico. Cómo reitera el Concilio Vaticano II, "la Iglesia peregrina en la tierra, muy consciente de esta comunión de todo el Cuerpo místico de Jesucristo, desde los primeros días de la religión cristiana, ha honrado con gran respeto la memoria de los muertos" (Lumen gentium, 50 ).
 
La memoria de los difuntos, el cuidado de las tumbas y los votos son testimonios de confiada esperanza, enraizada en la certeza de que la muerte no es la última palabra sobre el destino del ser humano, ya que el hombre está destinado a una vida sin límites, que tiene sus raíces y su realización en Dios. A Dios dirigimos esta oración: Dios de infinita misericordia confiamos en tu inmensa bondad a cuantos han dejado este mundo hacia la eternidad dónde Tú esperas a la entera humanidad redimida del Sangre precioso de Tu Hijo muerto en redención por nuestros pecados, no mires Señor toda la pobreza, miseria y debilidad humana cuando nos presentemos delante tu tribunal para ser enjuiciados en la felicidad o la condena dirige sobre nosotros tu mirada piadosa que nace de la ternura de tu corazón y ayúdanos a caminar por el camino de una completa purificación. Ninguno de tus hijos se pierda en el fuego eterno del infierno donde no puede haber ningún arrepentimiento. Te confiamos las almas de nuestros seres queridos, aquellos que murieron sin el reconforto sacramental o no pudieron arrepentirse ni siquiera al término de su vida. Ninguno tenga miedo de encontrarte después del peregrinaje eterno, en la esperanza de ser acogido en los brazos de tu infinita misericordia. Hermana muerte corporal nos encuentre vigilantes en la oración y nos colme de todo bien hecho en el curso de nuestra breve o larga existencia. Señor que nada nos aleje de Ti sobre esta tierra, todo y todos nos sostenga en ardiente deseo de reposar serenamente y eternamente en Ti. Amén.

Con esta fe en el destino supremo del hombre, nos dirigimos a la Virgen María, que sufrió bajo la Cruz del drama de la muerte de Cristo y ha participado después en la alegría de su resurrección. Nos ayude Ella, Puerta del Cielo, para comprender cada vez más el valor de las oraciones por los difuntos. Sostenga nuestra peregrinación diaria en la tierra y nos ayude a no perder de vista el objetivo final de la vida que es el Paraíso.
 
DESPUÉS ANGELUS
 
Queridos hermanos y hermanas:
 
Saludo a las familias, grupos religiosos, asociaciones y todos los peregrinos que han venido de Roma, desde Italia y desde muchas partes del mundo. En particular, saludo a los fieles de la Diócesis de Sevilla (España), Case Finali en Cesena y voluntarios de Oppeano y Granzette que hacen terapia de payaso en los hospitales.
 
Les deseo un buen domingo en la memoria cristiana de nuestros queridos difuntos. No se olviden de rezar por mí.
Buena almuerzo y adiós.

Cuando la cruz une


La cruz de Cristo nunca tiene un nombre especial. Es la cruz de Cristo, la cruz de la entrega, del amor hasta el extremo. La cruz pobre, un madero. La cruz de la humillación y la victoria. La cruz del odio y del amor. La cruz de la traición y la vida. El árbol verde que quisieron destruir. La vida ofrecida. Gotas de sangre. Costado abierto. El peso y la caída. Las manos que sostienen al Hijo. Las manos que se alzan queriendo tocar su manto. El silencio roto en una roca al entregar su espíritu.
 
Tal vez no hace falta ponerle un nombre a la cruz. Porque la cruz, nuestra cruz, siempre tiene un nombre. Un nombre gris a veces, otras heroico. Un nombre fuerte, rudo, impronunciable muchas veces, insostenible por momentos.
 
Mi cruz tiene nombre propio, con apellidos. Tiene mi olor y mi alma. Tiene mi silencio y mis lágrimas. Por eso no es necesario ponerle nombre a la cruz en general. Porque la cruz no tiene un nombre abstracto que valga para todos. Tiene mi nombre único e irrepetible.
 
Al cumplirse cien años de historia de nuestra alianza con María en el Santuario nos entregaron una cruz con nombre propio: La cruz de la unidad. Una cruz que muestra lo central de nuestra espiritualidad. María, en la cruz, unida a Cristo.
 
Decía el Padre José Kentenich: «Al igual que todo su ser, también su vida y su actuar, están totalmente ordenados a Cristo, a su persona y su misión. Ella sólo existe a causa de Él. No hay otra razón para su existencia»[1].
 
Es una cruz que habla de unidad. De la unidad entre Cristo y María. Entre Cristo y los hombres. Entre los mismos hombres como hermanos. La cruz del cáliz abierto en el que se derrama su sangre. Hasta su última gota. La unidad entre la Madre y el Hijo. Entre Ella y nosotros.
 
La unidad anhelada por nuestra alma dividida. Rota por las heridas que nos deshojan. En las caídas que nos deshacen. Desunidos ante una cruz que se llama de la unidad.
 
Nuestra vocación tiende a la unidad. Nacemos unidos a una madre y toda nuestra vida es querer volver a estar unidos para siempre. La muerte es el nacimiento a una vida nueva en la que nos unimos a Dios.
 
Soñada unidad. Un solo corazón. Una sola alma. Un solo deseo. Un encuentro. Unidad en la diferencia. Unidad en la distancia. Unidad superando las barreras que separan, los límites, las incongruencias, las caídas. Unidad más allá de la afirmación de nuestra verdad, renunciando a nuestro orgullo.
 
Sufrimos tanto por afirmarnos que acabamos negando a otros. Por elevarnos pisamos otras vidas. Nos empeñamos tanto en valer que desvalorizamos a los demás. Nos ofuscamos buscando quiénes somos, queriendo ser. Y no nos miramos en el espejo de aquellos a los que amamos.
 
Una cruz de la unidad. María elevada ante la cruz, alzada casi en el aire. Sosteniendo un cáliz abierto. Recogiendo la vida. Los pies en la tierra, en las manos de los hombres. Las manos alzadas tocando el cielo, en medio de una muerte.
 
El amor que asciende. El amor que desciende. La mirada de Jesús cerca ya de perderse. Su aliento, sus palabras. Sostenido en un gesto difícil de describir. El sí de María a Jesús. El sí de Jesús a María. El sí que es unidad. La unidad de esa sangre que es nuestra sangre. De ese amor que es el nuestro.

 
P. Carlos Padilla
ALETEIA
[1] J. Kentenich, 1954

El Servicio Sacerdotal Nocturno cumple 60 años en Mendoza

Nuestra Iglesia Católica de Mendoza celebró un nuevo aniversario del Servicio Sacerdotal Nocturno. Pasaron 60 años desde aquel 15 de agosto de 1954 en el que un pequeño grupo de laicos inició la actividad que se llevó adelante ininterrumpidamente hasta hoy. El Servicio Sacerdotal Nocturno atendió a unos 60 mil enfermos, entre niños, jóvenes, adultos y ancianos. 

En 1952 en la ciudad de Córdoba, el Dr. Armando C. Sánchez fue a buscar un sacerdote para que su padre recibiera la Unción de los Enfermos pero no pudo encontrar a ninguno pese a recorrer varias parroquias, capillas y hasta el convento de la ciudad.

Fue entonces que concibió la idea de que la Iglesia tuviera un servicio de guardia nocturna. La propuesta fue elevada al Arzobispado de Córdoba quien apoyó la iniciativa.

De esta forma, se crea por primera vez en el mundo el Servicio Sacerdotal de Urgencia. Un año más tarde se fundó en Buenos Aires, en 1954 en Mendoza y en 1955 en Tucumán. 

Actualmente, son 16 diócesis de la Argentina las que cuentan con los Servicios Sacerdotales de Urgencia.
El voluntariado en Mendoza está conformado por más de 130 fieles denominados "Los Caballeros del Santo Viático" y 30 sacerdotes.

"Recorremos las guardias de los hospitales. Muchas veces es duro porque hay niños que están muy enfermos. Los casos más duros los vemos en el Notti pero tratamos de brindarles nuestra contención y cariño" explicó Enrique Oviedo, uno de los guardianes del Servicio.

"Todo es a pulmón y hacemos una colaboración mensual de $ 50 para poder prestar el servicio. Quien quiera contactarnos puede hacerlo acercándose a la calle Leonidas Aguirre 52 o llamando al 4253314" agregó Oviedo.

Para celebrar este aniversario,  se celebró una misa en la Parroquia Nuestra Señora de Castelmonte en Godoy Cruz, el Viernes 15, Día de la Asunción de la Virgen María a las 21.

El lunes 17, además, se realizó un almuerzo en la casa de Cursillos de Cristiandad, en la calle Suipacha 634 de ciudad, con casi 300 personas presentes. Alli se homenajeó especialmente a los fundadores del Servicio en mendoza con Alejandro Amoretti a la cabeza y todos aquellos guardianes que llevan más de 25 años haciendo guardias mensuales ininterrumpidas en este hermoso Apostolado. Hubo algunos espectáculos folcloricos, de magia, sorteos organizados por la Subcomisión de Damas y mucha alegría.

También el mismo 15 de Agosto, el Servicio Sacerdotal de Urgencia de Mar del Plata cumplió 40 años, por lo que los saludamos con mucho afecto implorando a nuestra Madre Santísima que los siga guiando y bendiciendo en su labor.

Entre el 14 y 16 de noviembre, se realizará la asamblea anual de la Federación de Servicios Sacerdotales de la Argentina con la presencia de guardianes y Sacerdotes de todo el país y la presencia especial del presidente y Vice del Servicio Sacerdotal de Quito, Ecuador.

Recordamos también que hace muy poco se realizó la Asamblea Anual del Servicio Sacerdotal de Mendoza, donde se procedió a la renovación de un tercio de la Comisión Directiva y donde Monseñor Carlos Maria Franzini presentó a los nuevos Presidentes y vice que por un periodo de tres años serán los responsables de llevar adelante los destinos de la institución. Estos son los hermanos Dario Fernández, que se había ya desempeñado por tres años como Vicepresidente y el hermano Juan Carlos Ferrari. Los saludamos y felicitamos augurando sobre ellos y toda la Comisión abundantes bendiciones. también un sincero y sentido agradecimiento de parte de todos a los hermanos que han dejado la comisión y especialmente a Eduardo Gobbi, quien presidió por tres años al Servicio Sacerdotal Nocturno de Mendoza.

Todo por la mayor Gloria de Dios.

«El final de la vida suscita muchas polémicas»: los Camilos dan una respuesta profesional y pastoral

José Carlos Bermejo es religioso camilo, congregación dedicada en cuerpo y alma a los enfermos. Bermejo es el director del Centro San Camilo, el Centro de Humanización de la Salud y Centro Asistencial en Tres Cantos, Madrid, España. Un lugar por el que pasan no sólo los enfermos, sino también profesionales y personas interesadas en profundizar, formarse y crecer en sus conocimientos tanto sanitarios como de acompañamiento o pastorales.

Temas como la asistencia en los últimos momentos de la vida, el ejercicio pastoral y profesional o ayudar a vivir bien e intervenir correctamente en el duelo son algunos de los temas que aquí se imparten a través de una formación altamente cualificada compuesta de postgrados y másteres, y de los cuales José Carlos Bermejo nos presenta en la siguiente entrevista.


¿Qué formación ofrece el Centro de Humanización de la Salud? 
El Centro imparte formación en materias como la humanización de la salud, gerontología, relación de ayuda, counselling, inteligencia emocional, gestión centrada en la persona, duelo, cuidados paliativos, el acompañamiento espiritual al final de la vida... Ofrecemos cursos presenciales y a distancia, y también formación de posgrado y máster homologados por la Universidad Ramón Llull. Actualmente los posgrados que impartimos son duelo, cuidados paliativos, dirección y gestión de centros y servicios sociales, humanización y el máster de counselling.

¿Se diferencia de otros centros?
Vamos a iniciar una nueva promoción en el posgrado de dirección y gestión de centros y servicios sociales y así como del Máster de “Counselling”. Pero creo que nuestra mayor aportación se encuentra en los valores que queremos transmitir y en las prácticas que ofrecemos a nuestros alumnos.

El Centro de Humanización convive con el Centro Asistencial San Camilo (Residencia Geriátrica y Unidad de Cuidados Paliativos) y el Centro de Escucha San Camilo. En estos servicios intentamos llevar a la práctica diaria competencia profesional y humanización. Por otra parte, la experiencia de servicio y acompañamiento a las personas que sufren o que se encuentran al final de la vida, enriquece la reflexión y conocimiento del Centro de Humanización de la Salud.

La formación que ofrecemos a los alumnos queremos que teóricamente sea lo más completa posible, pero también ofrecemos prácticas supervisadas por tutores expertos en el cuidado, en la atención y acompañamiento a las personas que sufren.

¿Qué significa counselling y a quién se dirige este máster?
El término inglés “counselling” tiene mala traducción en nuestro idioma, “consejo”, y ésta puede ser una razón por la que seguimos utilizando este anglicismo. El término counselling hace referencia a los procesos de relación de ayuda y acompañamiento a personas que viven una situación de dificultad. En este proceso el “counsellor” con el empleo de herramientas intentará que la persona inicie procesos de mejora y superación de la misma. Es una forma de terapia breve. El máster de “counselling” podríamos decir que es transversal y ofrece conocimientos y herramientas a todas las profesiones que intentan ayudar a otros: psicólogos, trabajadores sociales, médicos, enfermeras, maestros, sacerdotes…

El final de la vida suscita no pocas polémicas…
Es uno de los espacios privilegiados para la humanización del mundo de la salud. Por eso impartimos un posgrado multidisciplinar en Cuidados Paliativos, que son la respuesta más humana que podemos dar al cuidado de las personas que tienen un diagnóstico infausto. Este posgrado aborda desde la fundamentación terapéutica, a conocimientos sobre “counselling”, acompañamiento espiritual al final de la vida, elaboración de duelo, cuestiones de bioética y prácticas en nuestra Unidad de Cuidados Paliativos San Camilo.

En España los cuidados paliativos están en proceso de consolidación, pero hemos de incidir tanto en la formación de los profesionales como en la generación de cultura. Por eso organizamos también Jornadas sobre este tema.

Y en el sufrimiento por la pérdida, viene el duelo que en ocasiones puede ser complicado, patológico y necesitar la ayuda de profesionales. 
Así es. En estos últimos años está aumentando la sensibilidad en torno a la intervención en el duelo. Han surgido muchas iniciativas para acompañar en duelos complicados, tanto individual como colectivamente, pero no hay más que un posgrado universitario con experiencia en intervención en duelo, el que impartimos en el Centro de Humanización de la Salud desde hace años. Profesionales y personas interesadas en general, pueden encontrar en él contenidos teóricos y prácticos para hacerse expertos en el acompañamiento.

El Centro de Escucha San Camilo atendió el año pasado a 500 personas; la mitad de ellas acudieron para que les acompañemos a elaborar su duelo. También hemos empezado a intervenir con niños en duelo. Es por ello que la formación que impartimos viene avalada por la práctica.

La deshumanización supone el olvido de la condición de persona del sujeto con el que intervenimos…
En efecto, el término humanizar es un término complejo porque abarca todas las dimensiones de la vida del hombre: contingencia, originalidad, dignidad, capacidad de amar, compasión, justicia, utopía…

El posgrado de humanización pretende repensar toda la intervención en el ámbito sanitario para que ésta se oriente al bien de la persona enferma y, con ello, mejorar la calidad y calidez de la atención sociosanitaria.

Desde el Centro de Humanización de la Salud también se imparte un posgrado en Pastoral de la Salud.
Sí, porque el servicio y acompañamiento a las personas que sufren forma parte de la evangelización de la Iglesia. Y para ejercer este ministerio no basta la buena voluntad, sino que es necesario que sacerdotes, religiosos y laicos tengan una buena preparación. Explorar el sufrimiento y la salud desde la Sagrada Escritura, reflexionar sobre los problemas éticos que encontramos en el mundo de la salud, buscar estrategias de acompañamiento espiritual y de counselling pastoral son contenidos fundamentales del posgrado en pastoral de la salud que aporta la gran novedad de poderse cursar a distancia.

¿Por qué formarse en estos tiempos de crisis?
Los tiempos de crisis son una oportunidad para aprender y discernir sobre cómo vivir y trabajar de una manera nueva. Invito a atravesar la crisis invirtiendo en formación. Cada vez más tenemos la certeza que la formación es un proceso que debe acompañar toda la vida profesional y personal. La formación inicial es imprescindible en todos los ámbitos del saber, pero insuficiente sino va acompañada de una formación, especialización y reciclaje que tiene que continuar toda la vida.

Por eso necesitamos cada vez más creatividad para no abandonar el cultivo del saber, del saber hacer y del saber ser que nos cualifique y nos ayude a seguir creciendo como personas y como profesionales.


Zenit / Rel

Encuentro del Papa Francisco con ancianos: Hay luz en el final de la vida


“Hay una vocación particular para los ancianos y los abuelos en la sociedad y la Iglesia”, afirmó el P. Andrea Ciucci, del Pontificio Consejo para la Familia al destacar el encuentro que el 28 de septiembre tendrá el Papa Francisco con miles de ancianos en la Plaza de San Pedro; una iniciativa que nació del propio Santo Padre.
 
En declaraciones a CNA -agencia del grupo ACI en inglés- el sacerdote recordó que muchas veces el Papa ha recordado la importancia de las personas mayores, como cuando dijo que “el cuidado que se da los ancianos, como a los niños, es un indicador de la calidad de una comunidad”. Cuando los ancianos son echados fuera, cuando son aislados y a veces se desvanecen por la falta de cuidado, es un signo terrible”.
 
Por ello, subrayó la importancia del encuentro titulado “La bendición de una larga vida”, donde se espera que participen miles de ancianos y abuelos venidos de Italia, de otros países de Europa y probablemente del resto del mundo. Incluso aquellos miles que, aunque no podrán asistir físicamente, participarán a través de Internet y la televisión.
 
“Es muy importante para nosotros y para las familias del mundo presentar, poner una luz sobre esta etapa de la vida”, afirmó. “Las personas mayores y los abuelos no son solo parte del cuidado pastoral”, sino que tienen “una particular vocación”.
 
En ese sentido, dijo que además de ser transmisores de la fe y de ser una ayuda para los padres, “hay otras áreas igualmente importantes a ser consideradas, como la oración del anciano, de los abuelos, y la transmisión del Evangelio”
 
Además, añadió, pueden ayudar a comprender que el debilitamiento de la vida no es una tragedia final, sino más bien “el testimonio de la esperanzan en el más allá”.
 
Ser anciano, afirmó, es “una vocación”, para transmitir la fe, para orar, para leer las Sagradas Escrituras, para promover una cultura de la esperanza, para promover una cultura de la fe compartida, compartir una manera de permanecer en el mundo para las nuevas generaciones”.
 
Artículo originalmente publicado por Aciprensa

Francisco habla de la gratuidad del amor de Cristo por los sufrientes y los débiles

Este caluroso sábado de junio la plaza de San Pedro fue nuevamente escenario de un multitudinario encuentro con el Papa Francisco. En esta ocasión con treinta mil voluntarios provenientes de toda Italia pertenecientes al grupo de las “Misericordias” y a los grupos “Fratres” de donadores de sangre. Se trata del más antiguo movimiento de voluntariado que, justamente, este 2014 celebra sus 770 años.

"Estamos de verdad agradecidos al Papa Francisco por haber aceptado recibirnos, consintiéndonos conocerlo personalmente y presentarle nuestros grupos" – afirmaron Roberto Trucchi y Luigi Cardini, respectivamente Presidente Nacional de las Misericordias y Presidente Nacional Fratres. El Presidente de las Misericordias recordó también que el Papa hace referencia con frecuencia a la misericordia del Señor. "Esto por una parte - dijo - nos hace pensar el peso y a la gran responsabilidad del nombre de nuestro movimiento y, por otra parte, nos remonta a la elección significativa hecha por nuestros padres hace 8 siglos, que se dieron este nombre como signo de una ilimitada caridad".

Por su parte el Presidente del Grupo Fratres, Luigi Cardini, observó que el 14 de junio se celebra la Jornada Mundial del donador de sangre, "y para nuestros grupos de donadores Fratres - observó- festejarla con el Papa Francisco es verdaderamente una ocasión irrepetible que llena nuestros corazones de alegría y conmoción".

El encuentro de hoy tuvo lugar a 28 años de distancia de aquel con Juan Pablo II, el 14 de junio de 1986, cuando en el aula Pablo VI el Pontífice marcó un cambio en la vida de los movimientos, indicando con claridad el camino de la caridad que las Misericordiasy los grupos de donadores de sangre tenían que hacer propias: “he aquí la consigna que les hago… sean promotores y autores de la civilización del amor, testigos incansables de la cultura de la caridad” dijo el Papa santo. Hoy los grupos de voluntarios italianos confluyeron en la plaza de san Pedro coloreándola con amarillo y cian, característicos de los uniformes de las Misericordias y de blanco y rojo, del grupo Fratres. Durante esta mañana se alternaron cantos, oraciones y testimonios, esperando el encuentro con Francisco.


Texto completo del discurso del Papa:

Queridos hermanos y hermanas, ¡buenos días!

Dirijo mi saludo a todos ustedes que forman parte de las Misericordias de Italia y de los grupos Fratres, y también a sus familiares y a las personas asistidas que han podido unirse a su peregrinación. Saludo a Mons. Franco Agostinelli, Obispo de Prato y su Corrector general, y al Presidente nacional de su Confederación, el Señor Roberto Trucchi, agradeciéndole por las palabras con las que han introducido este encuentro. A todos ustedes se dirige mi aprecio por la importante obra que desarrollan en favor del prójimo sufriente.

Las “Misericordias”, antigua expresión del laicado católico y bien radicadas en el territorio italiano, están comprometidas en testimoniar el Evangelio de la caridad entre los enfermos, los ancianos, los minusválidos, los menores, los inmigrantes y los pobres. Todo su servicio toma sentido y forma de esta palabra: “misericordia”, palabra latina cuyo significado etimológico es “miseris cor dare”, “dar el corazón a los miserables”. Aquellos que tienen necesidad, aquellos que sufren.

Y es eso lo que ha hecho Jesús: ha abierto su Corazón a la miseria del hombre. El Evangelio es rico de episodios que presentan la misericordia de Jesús, la gratuidad de su amor por los sufrientes y los débiles. De los relatos evangélicos podemos captar la cercanía, la bondad, la ternura con la que Jesús se acercaba a las personas sufrientes y las consolaba, les daba alivio, y a menudo las sanaba. Sobre el ejemplo de nuestro Maestro, también nosotros estamos llamados a hacernos cercanos, a compartir la condición de las personas que encontramos. Es necesario que nuestras palabras, nuestros gestos, nuestras actitudes expresen la solidaridad, la voluntad de no permanecer ajenos al dolor de los demás, y esto con calor fraterno y sin caer en alguna forma de paternalismo.

Tenemos a disposición tantas informaciones y estadísticas sobre la pobreza y sobre las tribulaciones humanas. Existe el riesgo de ser espectadores informadísimos y desencarnados de estas realidades, o también de hacer bellos discursos que se concluyen con soluciones verbales y un desinterés con respecto a los problemas reales. Demasiadas palabras, demasiadas palabras, demasiadas palabras, ¡pero no se hace nada! ¡Esto es un riesgo! No es de ustedes, ustedes trabajan, trabajan bien, ¡bien! Pero existe el riesgo… Cuando yo escucho algunas conversaciones entre personas que conocen las estadísticas: “¡Que barbaridad, Padre! ¡Que barbaridad!, ¡Que barbaridad!”. “Pero ¿tú que haces por esta barbaridad?” “¡Nada! ¡hablo!”. ¡Y esto no soluciona nada! ¡Hemos escuchado tantas palabras! Aquello que sirve es actuar, la obra suya, el testimonio cristiano, ir hacia los sufrientes, acercarse como hizo Jesús. En cambio, todos estamos llamados a dejarnos envolver por las fatigas humanas que cada día nos interpelan. Imitemos a Jesús: Él va por las calles y no ha planificado ni los pobres, ni los enfermos, ni los inválidos que cruza a lo largo del camino; pero se detiene con el primero que encuentra, convirtiéndose en presencia que socorre, señal de la cercanía de Dios que es bondad, providencia y amor.

La actividad de sus asociaciones se inspira en las siete obras de misericordia corporal, que me gusta recordar, porque hará bien volverlas a escuchar: dar de comer a los hambrientos; dar de beber a los sedientos; vestir a los que están desnudos; dar posada a los peregrinos; visitar a los enfermos; visitar a los encarcelados; enterrar a los muertos. Los aliento a llevar adelante su acción con alegría y a modelarla sobre aquella de Cristo, dejando que todos los sufrientes puedan encontrarlos y contar con ustedes en el momento de la necesidad.

Queridos hermanos y hermanas, ¡gracias! Gracias de nuevo a todos ustedes por aquello que hacen. ¡Gracias! !Por haber venido! Que las “Misericordias” y los grupos “Fratres” continúen siendo lugares de acogida y de gratuidad, en el signo del auténtico amor misericordioso por cada persona. ¡Que el Señor los bendiga y la Virgen los proteja! ¡Gracias!

Y por favor no se olviden de rezar por mí. ¡También yo lo necesito! Gracias!

(Traducción del italiano: Raúl Cabrera- Radio Vaticano)

¿Cómo será el cielo?


¿Quién es él que nunca se ha hecho esta pregunta? Desde épocas pretéritas, todo el mundo creyente, se ha hecho esta pregunta porque es lógico que tengamos curiosidad, los que somos creyentes, por saber lo más posible acerca de cómo será nuestra futura vida y cómo será el cielo, del que tanto hemos escuchado que existe, pero exactamente nadie lo sabe. Lo  que sí sabemos todos es que nadie ha vuelto para contárnoslo.
Lo más concreto que tenemos, dentro del desconocimiento, sobre cómo y cual será nuestra futura vida eterna, lo tenemos en las manifestaciones de San Pablo, que nos dice:“¿Que hay que gloriarse?, aunque no trae ninguna utilidad; pues vendré a las visiones y revelaciones del Señor. Sé de un hombre en Cristo, el cual hace catorce años, si en el cuerpo o fuera del cuerpo no lo sé, Dios lo sabe, fue arrebatado hasta el tercer cielo. Y sé que este hombre, en el cuerpo o fuera del cuerpo del cuerpo no lo sé, Dios lo sabe, fue arrebatado al paraíso y oyó palabras inefables que el hombre no puede pronunciar”. (2Co 12,2).
Y ya anteriormente en la primera epístola a los corintios, dejó San Pablo escrita la conocida referencia acerca del cielo, que nos dice así: “Ni el ojo vio, ni el oído oyó, ni la mente del hombre, pudo imaginar, cuales cosas tiene Dios preparadas para los que le aman”. (1Co 2,9). Desde estas palabras de San Pablo, se intuye una concepción más espiritual del cielos que nos espera, pues si bien nuestra alma perderá el cuerpo terrenal que ahora tenemos, este nos será sustituido por un nuevo cuerpo espiritualizado.
En la Biblia en el A.T. tenemos una concepción más materializada del cielo, que nos da el profeta Isaías cuando nos escribe: “17 Porque yo voy a crear un cielo nuevo y una tierra nueva, y no se volverá a recordar el pasado, ni vendrá siquiera a las mentes. 18 Y habrá alegría y algazara eterna por lo que yo voy a crear. Pues yo voy a crear para Jerusalén alegría, y para su pueblo regocijo. 19 Sí; me alegraré en Jerusalén, me regocijaré en mi pueblo, y ya nunca se oirá en ella voz de llanto ni grito de lamento. 20 Ya no habrá allí recién nacido que viva sólo pocos días, ni anciano que no culmine sus años, sino que morir a los cien años será morir joven y no llegar a los cien años será señal de maldición. 21 Harán entonces casas y habitarán en ellas, plantarán viñas y comerán sus frutos”.  (Is. 65,17-21).
            Es indudable, que a los pueblos antiguos, les era muy difícil anteponer el orden espiritual sobre el orden material, que es lo que conocían y en el que vivían. El A.T. tiene una visión más antropomórfica  y material de Dios, que la visión que Jesucristo, nos da de su Padre. Las palabras del Señor, con un sentido más espiritual las recoge San Juan, el discípulo predilecto, mucho mejor que los otros tres evangelistas sinópticos.
La diferencia entre un orden material y un orden superior espiritual, con la claridad que ahora tenemos, no disfrutaban de ella las personas que vivieron en la antigüedad. Es por ello que con frecuencia se mencione el cielo con la idea de un gran banquete de bodas y el mismo Jesús, empleó esta figura completamente material para hacerles comprender a sus oyentes cómo era el cielo, para que fuese comprendido por ellos, que estaban completamente materializados.
"1Tomó Jesús de nuevo la palabra y les habló en parábolas, diciendo: 2 El reino de los cielos es semejante a un rey que preparó el banquete de bodas a su hijo. 3 Envió a sus criados a llamar a los invitados a las bodas, pero estos no quisieron venir. 4 De nuevo envió a otros siervos, ordenándoles: Decid a los invitados: Mi comida está preparada; los becerros y cebones, muertos; todo esta pronto; venid a las bodas, 5 Pero ellos desdeñosos, se fueron, quien a su campo, quien a su negocio. 6 Otros, agarrando a los siervos, los ultrajaron y les dieron muerte. 7 El rey, montando en cólera, envió sus ejércitos, hizo matar a aquellos asesinos y dio su ciudad a las llamas. 8 Después dijo a sus siervos: El banquete esta dispuesto, pero los invitados no eran dignos. 9 Id, pues, a las salidas de los caminos, y a cuantos encontréis llamadlos a las bodas. 10 Salieron a los caminos los siervos y reunieron s cuantos encontraron, malos y buenos, y la sala de bodas quedo llena de convidados. 11 Entrando el rey para ver a los que estaban a la mesa, vio allí a un hombre que no llevaba traje de boda, 12 y le dijo: Amigo, ¿cómo has entrado aquí sin el vestido de boda? El enmudeció. 13 Entonces el rey dijo a sus ministros: Atadle de pies y manos y arrojadle a las tinieblas exteriores; allí habrá llanto y crujir de dientes. 14 Porque muchos son los llamados y pocos los escogidos”.  (Mt 22, 1-14). No dijo el Señor que el reino de los cielos, fuese así, sino que dijo que era semejante a… Es decir, el reino de los cielos, es pura espiritualidad, porque tanto Dios como los ángeles, son espíritus puros como los son nuestras almas. El problema para nosotros es que nuestras almas espirituales están dominadas por a materialidad de nuestros cuerpo, que continuamente le están pidiendo y exigiendo a nuestras almas, la satisfacción de sus tendencias desordenadas y apetitos materiales.
Nosotros tenemos dominada nuestra alma, por nuestro cuerpo, como consecuencia del pecado de nuestros primeros padres y esto nos determina una tendencia antropomórfica, es decir a querer ver e imaginar todo a través del cristal de nuestro cuerpo. Pensamos en Dios en los ángeles y en los santos y los imaginamos con sus cuerpos vestidos y con una visible aureola de santidad Todavía esto sería posible en el caso de los santos y en el de nuestro Señor Jesucristo, pues cuando estaban en este mundo disponían de cuerpo mortal. Pero en el caso de Dios Padre o en el del Espíritu Santo, estos pensamientos nuestros no tienen ningún sentido.
La primera condición básica para entender lo que es el cielo, es partir de un conocimiento de Dios hasta donde sea capaz de llegar nuestra mente y darnos cuenta de que el cielo es esencialmente Dios. Darnos cuenta de que Dios es un espíritu puro cuya esencia es el amor y del que emana una luz espiritual divina, que solo pueden captar, los sentidos de nuestras almas. Él es amor y solos amor (1Jn 4,16) y todo en Él tiene un carácter ilimitado ya sea su omnipotencia, su omnisciencia, pero sobre todo su amor, a todo lo por Él creado y nosotros somos criaturas creadas por Él, por razón de amor, para amar y ser amadas hasta unos límites inimaginables para nosotros. Y es ahí donde encontraremos nuestra eterna felicidad, una felicidad para la cual hemos sido creados, y tal como nos dice San Agustín:Señor, me has creado para Ti, y mi corazón está inquieto hasta que descanse en Ti.
            Mi más cordial saludo lector y el deseo de que Dios te bendiga.

Juan del Carmelo
REL

Discurso a Agentes Sanitarios



(RV).- La mañana del lunes el Papa Francisco recibió a los participantes en la Plenaria del Pontificio Consejo para los Agentes Sanitarios, encabezados por su presidente, Mons. Edmund Zimowski. El Papa recordó que en la Pasión de Jesús se encuentra «la más grande escuela» para todo el que quiera dedicarse al servicio de los hermanos enfermos y sufrientes. «Tengamos siempre presente la carne de Cristo presente en los pobres, en los sufrientes, en los niños, también los no deseados, en las personas con minusvalías físicas o psíquicas, en los ancianos», pidió Francisco. (RC-RV)

Discurso completo del Santo Padre

Queridos hermanos y hermanas,

les doy la bienvenida con ocasión de su Sesión Plenaria, y agradezco a Mons. Zimowski por sus amables palabras. El reconocimiento del Obispo de Roma va cada uno de ustedes por el compromiso que ponen hacia tantos hermanos y hermanas que cargan con el peso de la enfermedad, de la minusvalía, de una ancianidad difícil.



Su trabajo de estos días toma impulso de lo que el beato Juan Pablo II afirmaba, hace treinta años, sobre el sufrimiento : «hacer bien con el sufrimiento y a hacer bien a quien sufre» (Cart. ap. Salvifici doloris, 30). Él vivió estas palabras, las ha testimoniado de manera ejemplar. El suyo fue un magisterio viviente, que el Pueblo de Dios ha recambiado con tanto afecto y tanta veneración, reconociendo que Dios estaba con él.


Es verdad, de hecho, que también en el sufrimiento ninguno está nunca solo, porque Dios en su amor misericordioso por el hombre y por el mundo abraza también las situaciones más deshumanas, en las cuales la imagen del Creador presente en cada persona aparece ofuscada o desfigurada. Así fue para Jesús en su Pasión. En Él cada dolor humano, cada angustia, cada padecimiento ha sido asumido por amor, por la pura voluntad de estarnos cercano, de estar con nosotros. Y aquí, en la Pasión de Jesús, se encuentra la más grande escuela para todo el que quiera dedicarse al servicio de los hermanos enfermos y sufrientes.


La experiencia del compartir fraterno con quien sufre nos abre a la verdadera belleza de la vida humana, que comprende su fragilidad. En la custodia y en la promoción de la vida, en cualquier estado y condición que se encuentre, podemos reconocer la dignidad y el valor de cada ser humano individual, desde la concepción hasta la muerte.


Mañana celebraremos la Solemnidad de la Anunciación del Señor. «Quien acogió ‘la Vida ‘ en nombre de todos y para bien de todos fue María, la Virgen Madre, la cual tiene por tanto una relación personal estrechísima con el Evangelio de la vida» (JUAN PABLO II, Cart. enc. Evangelium vitae, 102). María ha ofrecido la propia existencia, se puso toda a disposición de la voluntad de Dios, convirtiéndose en “lugar” de su presencia, “lugar” en el que mora el Hijo de Dios. 


Queridos amigos, en el cotidiano desenvolvimiento de su servicio, tengamos siempre presente la carne de Cristo presente en los pobres, en los sufrientes, en los niños, también los no deseados, en las personas con minusvalías físicas o psíquicas, en los ancianos.


Por esto invoco sobre cada uno de ustedes, sobre todas las personas enfermas y sufrientes con sus familias, así como también sobre todos aquellos que se ocupan de ellas, la maternal protección de María, Salus infirmorum, para que ilumine su reflexión y acción en la obra de la defensa y de la promoción de la vida y en la pastoral de la salud. Por mi parte les aseguro la oración, la cercanía y siempre el agradecimiento por todo aquello que hacen en este campo de evangelización, mientras de corazón los bendigo. 


Que el Señor los bendiga.