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Un milagro de nochebuena en Tucumán: Historia de la muriente que sobrevivió tras la unción

 El padre Ortiz y el laico Héctor Varela, en la Catedral.
Si no ocurren milagros en Nochebuena, ¿cuándo? Que lo cuente, sino, el padre Edmundo Ortiz, asesor espiritual del Servicio Sacerdotal de Urgencia de Tucumán. Recuerda una Navidad en el Hospital Padilla, en la que el sacerdote había ido a darle la unción de los enfermos a un desahuciado que estaba internado. “La familia estaba ahí reunida, llorando porque la persona estaba muy grave. Al mes, una mujer me busca en la parroquia y me pregunta si me acordaba de ella. Le contesto que no, entonces, ella me dice: ‘yo soy la mujer que estaba grave, a la que le dio la unción’. Ella me contó que en su agonía solo se acordaba que alguien le había leído la Palabra de Dios. Un mes después, le dieron el alta”, cuenta el sacerdote. Como ese milagro, en todos estos años, los voluntarios han sumado anécdotas de todo tipo.

Pero no sólo milagros. Navidad también es una velada de urgencias y auxilios espirituales. El servicio sacerdotal funciona todas las noches del año, incluida la de Nochebuena. Tiene 120 voluntarios y 30 sacerdotes que rotan para que la asistencia no se corte nunca desde hace 58 años. “La noche del 24 es como cualquier otra, la única particularidad es que cuando vas a asistir a un enfermo grave, por lo general, está la familia presente”, explica Héctor Varela, presidente del servicio.

En otras ocasiones la familia llama para que el sacerdote se acerque hasta la cama del enfermo, en una terapia o en una cama de hospital, pero si es de madrugada no están allí. “Si la familia se encuentra, entonces, se unen a la oración”, añade Héctor.

Si bien el sacramento de la Unción de los Enfermos no busca el milagro, muchas veces sí se produce. En otras ocasiones, esa asistencia espiritual es lo que el alma estaba esperando para partir en paz. Con el sacramento se perdonan todos los pecados. “No hay que esperar hasta último momento para llamar. Dar la Unción no significa que la persona va a morir. A veces la gente tiene miedo de llamar”, coinciden Héctor y el padre Edmundo. Es por eso que desde hace años que ya no se llama Extrema Unción y cualquier adulto o enfermo puede recibirla cada año.

“Uno nunca sabe si ese es el final o no, pero si está grave es bueno que reciban el sacramento”, aclaran. En el servicio también llevan la comunión, confiesan y hasta bautizan a los niños recién nacidos que están graves. “Una vez hasta nos llamaron para que casemos de urgencia a una pareja. Uno de ellos estaba grave y hace tiempo que convivían, pero no querían dejar de recibir el sacramento del matrimonio”, recuerda Héctor.

Los efectos de la Unción son espirituales, una sanación para el alma. “Recuerdo el caso de una chica que tenía Sida y ya estaba muy mal. Su mamá nos llamó para pedirnos que fuéramos, pero nos aclaró que la mujer no quería saber nada ni con sacerdotes ni médicos, ni siquiera con la familia. Estaba muy enojada porque su marido la había contagiado y nunca quiso recibir tratamiento médico”, relata Héctor. Sin embargo, cuando llegaron ella accedió a hablar con el sacerdote y hasta a confesarse. 

“A las semanas me llaman del hospital para preguntarme qué es lo que el padre le había dicho a la joven. Si bien ya había fallecido, durante sus últimos días había accedido a tomar los medicamentos, había hablado con su familia, se reconcilió con todos y hasta había confesado que si se iba su alma estaba en paz”. Esa experiencia fue la más fuerte que le tocó vivir desde que está en el servicio que funciona de 22 a 6 de la mañana; la línea gratuita es 133.

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