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Papa Francisco: “La muerte no es la última palabra sobre el destino del ser humano


Queridos hermanos y hermanas:
 
Ayer celebramos la solemnidad de Todos los Santos, y hoy la liturgia nos invita a conmemorar a los fieles difuntos. Estos dos sucesos están íntimamente relacionados unos con otros, así como la alegría y las lágrimas encuentran en Jesucristo, una síntesis que es el fundamento de nuestra fe y de nuestra esperanza. Por un lado, en efecto, la Iglesia, peregrina en la historia, se regocija por la intercesión de los santos y beatos que sostiene la misión de anunciar el Evangelio; por otro lado, ella, como Jesús, comparte las lágrimas de los que sufren la separación de sus seres queridos, y como ÉL y a través de Él se hace eco del agradecimiento al Padre que nos ha librado del dominio del pecado y de la muerte.
 
Entre ayer y hoy muchos hacen visita al cementerio, que, la misma palabra, es el "lugar de descanso", en espera del despertar final. Es bello pensar que será Jesús mismo a despertarnos. Jesús mismo reveló que la muerte del cuerpo es como un sueño del cual Él nos despierta. Con esta fe nos detenemos - incluso espiritualmente - ante las tumbas de nuestros seres queridos, los que nos han amado y han hecho algún bien. Pero hoy estamos llamados a recordar a todos, incluso los que nadie se acuerda. Recordamos a las víctimas de la guerra y la violencia; muchos "pequeños del mundo" aplastados por el hambre y la pobreza. Recordamos los anónimos que reposan en fosas comunes. Recordamos a nuestros hermanos y hermanas muertos porque son cristianos; y aquellos que sacrificaron sus vidas por servir a los demás. Encomendamos al Señor, sobre todo aquellos que nos han dejado en este último año.
 
La tradición de la Iglesia siempre ha exhortado a orar por los difuntos, en particular, al ofrecer a la Celebración Eucarística: esa la mejor ayuda espiritual que podemos dar a sus almas, especialmente a los más abandonados. El fundamento de la oración de sufragio se encuentra en la comunión del Cuerpo Místico. Cómo reitera el Concilio Vaticano II, "la Iglesia peregrina en la tierra, muy consciente de esta comunión de todo el Cuerpo místico de Jesucristo, desde los primeros días de la religión cristiana, ha honrado con gran respeto la memoria de los muertos" (Lumen gentium, 50 ).
 
La memoria de los difuntos, el cuidado de las tumbas y los votos son testimonios de confiada esperanza, enraizada en la certeza de que la muerte no es la última palabra sobre el destino del ser humano, ya que el hombre está destinado a una vida sin límites, que tiene sus raíces y su realización en Dios. A Dios dirigimos esta oración: Dios de infinita misericordia confiamos en tu inmensa bondad a cuantos han dejado este mundo hacia la eternidad dónde Tú esperas a la entera humanidad redimida del Sangre precioso de Tu Hijo muerto en redención por nuestros pecados, no mires Señor toda la pobreza, miseria y debilidad humana cuando nos presentemos delante tu tribunal para ser enjuiciados en la felicidad o la condena dirige sobre nosotros tu mirada piadosa que nace de la ternura de tu corazón y ayúdanos a caminar por el camino de una completa purificación. Ninguno de tus hijos se pierda en el fuego eterno del infierno donde no puede haber ningún arrepentimiento. Te confiamos las almas de nuestros seres queridos, aquellos que murieron sin el reconforto sacramental o no pudieron arrepentirse ni siquiera al término de su vida. Ninguno tenga miedo de encontrarte después del peregrinaje eterno, en la esperanza de ser acogido en los brazos de tu infinita misericordia. Hermana muerte corporal nos encuentre vigilantes en la oración y nos colme de todo bien hecho en el curso de nuestra breve o larga existencia. Señor que nada nos aleje de Ti sobre esta tierra, todo y todos nos sostenga en ardiente deseo de reposar serenamente y eternamente en Ti. Amén.

Con esta fe en el destino supremo del hombre, nos dirigimos a la Virgen María, que sufrió bajo la Cruz del drama de la muerte de Cristo y ha participado después en la alegría de su resurrección. Nos ayude Ella, Puerta del Cielo, para comprender cada vez más el valor de las oraciones por los difuntos. Sostenga nuestra peregrinación diaria en la tierra y nos ayude a no perder de vista el objetivo final de la vida que es el Paraíso.
 
DESPUÉS ANGELUS
 
Queridos hermanos y hermanas:
 
Saludo a las familias, grupos religiosos, asociaciones y todos los peregrinos que han venido de Roma, desde Italia y desde muchas partes del mundo. En particular, saludo a los fieles de la Diócesis de Sevilla (España), Case Finali en Cesena y voluntarios de Oppeano y Granzette que hacen terapia de payaso en los hospitales.
 
Les deseo un buen domingo en la memoria cristiana de nuestros queridos difuntos. No se olviden de rezar por mí.
Buena almuerzo y adiós.

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