¿Has orado hoy por el Papa Francisco?
"Recen por mí". No lo olvides. Ave María...

Asamblea nacional: Crónica de los hermanos de San Rafael


Bajo el lema "La luz que el Señor deja encendida toda la noche", se reunieron 17 diócesis provinciales congregando a unas 150 personas, entre laicos, sacerdotes y gente comprometida con la actividad social. El encuentro arrancó el 14 y terminó el 16 y se llevó a cabo en Guaymallén. 
De San Rafael participaron 9 guardianes que trabajan en el Servicio Sacerdotal Nocturno, y según Jorge Yagüe, uno de los asistentes que contó su experiencia a Diario San Rafael, "todavía estamos tratando de volver a la normalidad, luego de vivir esos momentos tan intensos. La asamblea fue importante, fuerte, porque hubo gente de todo el país, y Mendoza fue la anfitriona de las 15 delegaciones que participamos".
El Gobierno de Mendoza, mediante el decreto N° 1218, declaró a esta asamblea, de interés provincial. Este voluntariado, que es totalmente gratuito y se brinda todos los días del año desde las 21.30 hasta las 6,30, consiste en llevar el auxilio espiritual de un sacerdote a los enfermos que se encuentren en los hospitales, geriátricos o casas particulares durante toda la noche.
Yagüe expresó que "cada delegación hizo una presentación sobre cómo se ha desenvuelto la tarea en el año, todo lo que se ha hecho, y sobre todo se piensa y se debate como mejorar, se busca la optimización". Sobre su experiencia personal contó que "tengo un montón de apuntes a los que todavía no he querido ni mirar". Vale decir que los guardianes viajaron con sus esposas, y mientras ellos participaban de las reuniones, para las damas se planificaron distintas actividades, como paseos por la ruta de las bodegas y demás.
La novedad es que la sede de la asamblea para el año 2016 será San Rafael, por lo tanto los integrantes del servicio ya están pensando en cómo organizar las cosas. "Es como los mundiales de fútbol todos quieren hacer la mejor presentación", bromeó Yagüe, aclarando que les espera un intenso trabajo por hacer.
En agosto pasado, el Servicio Sacerdotal Nocturno de Mendoza celebró sus 60 años. Cerca de 60.000 personas, entre ellos, gente mayor, jóvenes y bebés recibieron los sacramentos del Bautismo, Matrimonio y la Unción de los Enfermos.

XXXII ASAMBLEA NACIONAL DE SERVICIOS SACERDOTALES DE URGENCIA Y NOCTURNOS

El 15 de agosto el Servicio Sacerdotal Nocturno de Mendoza, cumplió sus 60 años de fundación. Continuando con las celebraciones de nuestro aniversario, tendremos en este mes de noviembre en Mendoza y como reconocimiento, la realización de la “XXXII Asamblea Nacional de Servicios Sacerdotales de Urgencia y Nocturnos”, con la participación de nuestros hermanos ecuatorianos y de la Federación Nacional. Es la gran oportunidad que tendremos de reunirnos con hermanos guardianes y sacerdotes asesores de otras diócesis. Intercambiar experiencias y fraternizar en un clima de oración y de Eucaristía; entusiasmarnos para entusiasmar a los hermanos que no podrán participar. 

Mucho nos ayudaran los acontecimientos que nos acompañaran este mes de noviembre:
Solemnidad de todos los Santos, recordándonos que todos estamos llamados a la santidad y cuanto bien aportara en la realización de nuestro apostolado.
Conmemoración de todos los fieles difuntos, realidad ultima de nuestra vida a la cual todos nos acercamos y cuán importante es estar siempre bien preparados, y por nuestra generosidad, Dios permitirá que cuando llegue el día, el S.S.N. estará a nuestro lado brindándonos los últimos auxilios espirituales. 
Mes de María, nos recordara que para ser buenos hermanos guardianes y sacerdotes, cuan importante además de la Eucaristía, es la devoción a nuestra Madre del Cielo. 
Cristo Rey, terminará el año litúrgico y el día del laico, nos invita a que Cristo Rey reine en nuestros corazones y lo hagamos reinar en nuestra sociedad.

Aprovechemos estos momentos de tantas gracias para que hagamos mejor nuestra tarea y hagamos de nuestra vida un verdadero servicio.

Cuantos enfermos asistidos en su último transito algún día saldrán a recibirnos. Escuchar ese día las palabras del Señor. . . “a mí me lo hicisteis” (Mt. 25,40) y . . . “reciban en herencia el Reino de los cielos” (Mt. 25, 34).
Vale la pena, vale la pena.

Todo a Jesús por María

Preguntas ¡y respuestas! ante la muerte

Este fin de semana es un tiempo de gracias. Ayer celebramos a los santos y hoy rezamos por los difuntos. Ayer fue el día de los creyentes. Hoy es el día del hombre.
 
Hoy recordamos a los difuntos. Vidas que concluyeron. Vidas tantas veces inconclusas. Se cerró el horizonte de la vida. Nos dejaron dolor y vacío. ¡Cómo no temer la muerte que frustra todos los planes de plenitud!
 
Todos caminamos con la pregunta de la muerte. Con esa herida. La tapamos con cosas y proyectos, asegurando un futuro incierto. De vez en cuando nos duele. Todos dudamos, todos confiamos de alguna forma, todos deseamos dejar huella, que no nos olviden, todos tenemos miedo al sinsentido, a desaparecer.
 
La muerte forma parte del misterio humano más hondo, nos hace vulnerables y humanos. Somos pequeños. Necesitados de otros. ¿Cómo será? ¿Cuándo?Es la incertidumbre que a todos los hombres nos acompaña y nos une.
 
Vivimos la vida con pasión pero sabemos que el tiempo es limitado y soñamos con la vida que no termina, con el amor que no acaba.
 
En la muerte se esconde el misterio de la vida y en la vida el de la muerte. Las cosas que son importantes en el momento de la muerte, son las importantes en la vida. Ante la muerte nos importa lo más sagrado, las personas, Dios, y tantas cosas pequeñas dejan de estar en primer plano.
 
Así quisiéramos vivir cada día. Pero estamos divididos entre la altura y las caídas. El alma y el cuerpo, lo más alto y el descenso. La imagen de la meta, la casa, un destino, un descanso.
 
No queremos perder la esperanza. Tenemos miedo a perder a los que más amamos. Echamos de menos a los que no están y no es fácil sentir su presencia desde el cielo. Necesitamos tocar, ver, acariciar. Añoramos no tenerlos a nuestro lado. A veces dudamos.
 
Aquellos que no creen puede que se pregunten si de verdad existe algo más. Para nosotros que creemos, también a veces es difícil creer sin ver. Nadie ha vuelto para contarnos. Es humano temer y dudar. No pasa nada.
 
Querríamos caminar por la vida sin miedo. El salto de fe es tembloroso e incierto. Nuestra vida es caminar hacia el cielo en ese claroscuro de la fe y del amor. Consiste en ayudarnos los unos a los otros, sabiendo que nuestra sed sólo se apagará en el cielo.
 
Nada tendría que apartarnos de su amor. Debería bastarnos para caminar. Confiando avanzamos. La muerte es ese final que turba tanto al corazón. El corazón desea el infinito y sufre con la temporalidad, con lo caduco. 
 
Quisiéramos que todo lo vivido fuera eterno. Los momentos de alegría, de encuentro, de familia, de hogar. Los mejores recuerdos de infancia, de intimidad con alguien que nos ha amado mucho, que nos comprendió, los instantes de paz en que hemos tocado a Dios y hemos sentido su abrazo. Los momentos de risa, de diversión, de ternura, de misericordia y perdón dado y recibido. Los momentos de luz. De descanso después de la tormenta. El nacimiento de un hijo, un descubrimiento que nos abrió la vida de nuevo, una palabra que nos marcó. Todos esos momentos que guardamos dentro son tesoros que quieren ser eternos. 
 
A veces nos duelen por la nostalgia del pasado y anhelamos que vuelvan. Cada uno sabe qué guarda dentro. Esos momentos serán eternos en el cielo. De alguna forma serán eternos junto a Dios. Y mucho más, porque el sello de Dios es que siempre desborda.
 
La renuncia a tantas cosas que nos tocó en la vida hará que nuestro cáliz del alma vaciado se llene por fin. Todo eso es lo que viven los que nos han precedido en el camino, eso es lo que creemos.
 
Pienso que el cielo es estar junto a Dios, junto a Maríajunto a las personas que hemos amado más en la tierra. Sin nada de lo que nos enturbia ahora la mirada y el corazón. Sentirnos perdonados del todo, amados del todo, abrazados del todo.

 
Aun así, no sabemos, no conocemos, porque no lo vemos, y preferimos esperar. Necesitamos a los que amamos, que se queden, que no se vayan todavía. No podemos vivir sin ellos. No queremos que sufran, que pasen dolor ni enfermedad, no queremos estar sin ellos. El alma se desgarra.
 
Pero esperamos, confiamos, nos fiamos del amor de Dios, de que siempre cumple sus promesas. Él escucha nuestra oración y nuestro corazón da un salto al vacío. Creemos porque otros creen, creemos porque hemos conocido el amor de Dios. 
 
Creo que mi vida es para siempre, creo que mi vida en plenitud no terminará nunca. Creo que los que más sufren serán consolados, que Dios y María los esperan a la puerta del cielo para cogerlos en brazos.
 
Y creo que los que más han amado recibirán un amor que no podemos imaginar. Creo que mis seres queridos que han dado la vida por los suyos de forma sencilla, ahora me cuidan, me esperan, me protegen, interceden por mí y de alguna forma están a mi lado.
 
Creo que Dios saldrá a buscarme en el momento de mi paso, que sabe mi pecado mejor que yo y que sólo desea perdonarme, y decirme que soy su hijo querido, que por fin estoy con Él. Y ante Él me sentiré niño de nuevo.
 
Jesús nos dice hoy que va a prepararnos el camino. Que nos guarda sitio, junto a Él. Eso nos sostiene. No nos promete un cielo frío. Nos promete estar junto a Él. Me aguarda, me reserva el sitio mejor, el lugar que anhelo con todas mis fuerzas, donde se calme mi herida, mi sed, mis sueños. Ese lugar donde lo que soy llegue a plenitud, donde estén los míos. Nos dice que hay muchas estancias. Que cabemos todos.
 
El camino es Él. Y está siempre abierto. Su costado abierto nunca se cierra. Recorriendo su corazón, su misterio, su cruz, su vida y su muerte, llego a mi hogar, a la casa de mi Padre. Y mientras tanto, va a mi lado, enseñándome a amar la vida, a dejarme el corazón hecho jirones y a vivir un poco, junto a otros, el cielo en la tierra.


Papa Francisco: “La muerte no es la última palabra sobre el destino del ser humano


Queridos hermanos y hermanas:
 
Ayer celebramos la solemnidad de Todos los Santos, y hoy la liturgia nos invita a conmemorar a los fieles difuntos. Estos dos sucesos están íntimamente relacionados unos con otros, así como la alegría y las lágrimas encuentran en Jesucristo, una síntesis que es el fundamento de nuestra fe y de nuestra esperanza. Por un lado, en efecto, la Iglesia, peregrina en la historia, se regocija por la intercesión de los santos y beatos que sostiene la misión de anunciar el Evangelio; por otro lado, ella, como Jesús, comparte las lágrimas de los que sufren la separación de sus seres queridos, y como ÉL y a través de Él se hace eco del agradecimiento al Padre que nos ha librado del dominio del pecado y de la muerte.
 
Entre ayer y hoy muchos hacen visita al cementerio, que, la misma palabra, es el "lugar de descanso", en espera del despertar final. Es bello pensar que será Jesús mismo a despertarnos. Jesús mismo reveló que la muerte del cuerpo es como un sueño del cual Él nos despierta. Con esta fe nos detenemos - incluso espiritualmente - ante las tumbas de nuestros seres queridos, los que nos han amado y han hecho algún bien. Pero hoy estamos llamados a recordar a todos, incluso los que nadie se acuerda. Recordamos a las víctimas de la guerra y la violencia; muchos "pequeños del mundo" aplastados por el hambre y la pobreza. Recordamos los anónimos que reposan en fosas comunes. Recordamos a nuestros hermanos y hermanas muertos porque son cristianos; y aquellos que sacrificaron sus vidas por servir a los demás. Encomendamos al Señor, sobre todo aquellos que nos han dejado en este último año.
 
La tradición de la Iglesia siempre ha exhortado a orar por los difuntos, en particular, al ofrecer a la Celebración Eucarística: esa la mejor ayuda espiritual que podemos dar a sus almas, especialmente a los más abandonados. El fundamento de la oración de sufragio se encuentra en la comunión del Cuerpo Místico. Cómo reitera el Concilio Vaticano II, "la Iglesia peregrina en la tierra, muy consciente de esta comunión de todo el Cuerpo místico de Jesucristo, desde los primeros días de la religión cristiana, ha honrado con gran respeto la memoria de los muertos" (Lumen gentium, 50 ).
 
La memoria de los difuntos, el cuidado de las tumbas y los votos son testimonios de confiada esperanza, enraizada en la certeza de que la muerte no es la última palabra sobre el destino del ser humano, ya que el hombre está destinado a una vida sin límites, que tiene sus raíces y su realización en Dios. A Dios dirigimos esta oración: Dios de infinita misericordia confiamos en tu inmensa bondad a cuantos han dejado este mundo hacia la eternidad dónde Tú esperas a la entera humanidad redimida del Sangre precioso de Tu Hijo muerto en redención por nuestros pecados, no mires Señor toda la pobreza, miseria y debilidad humana cuando nos presentemos delante tu tribunal para ser enjuiciados en la felicidad o la condena dirige sobre nosotros tu mirada piadosa que nace de la ternura de tu corazón y ayúdanos a caminar por el camino de una completa purificación. Ninguno de tus hijos se pierda en el fuego eterno del infierno donde no puede haber ningún arrepentimiento. Te confiamos las almas de nuestros seres queridos, aquellos que murieron sin el reconforto sacramental o no pudieron arrepentirse ni siquiera al término de su vida. Ninguno tenga miedo de encontrarte después del peregrinaje eterno, en la esperanza de ser acogido en los brazos de tu infinita misericordia. Hermana muerte corporal nos encuentre vigilantes en la oración y nos colme de todo bien hecho en el curso de nuestra breve o larga existencia. Señor que nada nos aleje de Ti sobre esta tierra, todo y todos nos sostenga en ardiente deseo de reposar serenamente y eternamente en Ti. Amén.

Con esta fe en el destino supremo del hombre, nos dirigimos a la Virgen María, que sufrió bajo la Cruz del drama de la muerte de Cristo y ha participado después en la alegría de su resurrección. Nos ayude Ella, Puerta del Cielo, para comprender cada vez más el valor de las oraciones por los difuntos. Sostenga nuestra peregrinación diaria en la tierra y nos ayude a no perder de vista el objetivo final de la vida que es el Paraíso.
 
DESPUÉS ANGELUS
 
Queridos hermanos y hermanas:
 
Saludo a las familias, grupos religiosos, asociaciones y todos los peregrinos que han venido de Roma, desde Italia y desde muchas partes del mundo. En particular, saludo a los fieles de la Diócesis de Sevilla (España), Case Finali en Cesena y voluntarios de Oppeano y Granzette que hacen terapia de payaso en los hospitales.
 
Les deseo un buen domingo en la memoria cristiana de nuestros queridos difuntos. No se olviden de rezar por mí.
Buena almuerzo y adiós.